ZOHAR LATINOAMÉRICA
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La Parashá de la Semana · Comentario de la Escuela

פָּרָשַׁת נִצָּבִים־וַיֵּלֶךְ

Nitzavim-Vayeilej: de pie, después de la lista

23 de Elul 5786 · 5 de septiembre 2026 · Devarim 29:9 – 31:30 · Haftará: Yeshayahu 61:10 – 63:9

La semana pasada la parashá terminó con una lista de maldiciones que no se acaba nunca. Ésta empieza con dos palabras. No con un argumento, ni con una disculpa, ni con una atenuación de lo anterior: con una constatación de hecho, dicha delante de gente que acababa de oír lo peor.

«Ustedes están de pie hoy, todos, delante del Eterno su Dios: sus cabezas, sus tribus, sus ancianos y sus oficiales, todo hombre de Israel; sus niños, sus mujeres, y el forastero que está en medio de tu campamento — desde el que corta tu leña hasta el que saca tu agua.» Devarim 29:9–10

Rashi cuenta primero el dato duro: Moshé los reunió delante del Omnipresente el día de su muerte, para hacerlos entrar en el pacto (Rashi sobre Devarim 29:9). Y después, en el mismo capítulo, da la lectura que convierte la escena entera en una respuesta:

«¿Por qué se puso la sección de ustedes están de pie junto a las maldiciones? Porque cuando Israel oyó cien maldiciones menos dos, aparte de las cuarenta y nueve que están en Torat Cohanim, se les puso la cara verde y dijeron: “¿quién puede sostenerse frente a esto?”. Empezó Moshé a apaciguarlos: ustedes están de pie hoy — mucho han hecho enojar al Omnipresente y no acabó con ustedes, y aquí siguen, en pie delante de Él.» Rashi sobre Devarim 29:12, a partir del Tanjumá, Nitzavim 1

Noventa y ocho maldiciones, dice el conteo. Y la única respuesta que la Torá le opone no es una promesa de que no van a ocurrir: es señalar el piso bajo los pies de los que preguntan. La pregunta era «¿quién puede sostenerse?». La respuesta es «ustedes se están sosteniendo, ahora mismo, mientras preguntan».

Rashi da un paso más y se detiene en la palabra hoy, que en esta parashá aparece una y otra vez:

«Hoy: como este día, que permanece — y oscurece y vuelve a iluminar. Así les iluminó y así habrá de iluminarles. Y las maldiciones y los sufrimientos son los que los mantienen y los plantan firmes delante de Él.» Rashi sobre Devarim 29:12

Es una afirmación incómoda y conviene no suavizarla. Rashi no dice que las maldiciones sean buenas. Dice que son lo que sostiene: que el pueblo sigue en pienitzavim, la palabra de la que sale también matzevá, el pilar plantado— no a pesar de haber oído la lista, sino habiéndola oído. Un pueblo al que nunca se le dijo la verdad de lo que le espera no está de pie: está distraído.

Las semanas pasadas

Ki Tavó cerró el año con la reprensión larga y con su causa declarada: no haber servido con alegría «de tanto tenerlo todo». Nitzavim contesta con la primera palabra que dice. Leer el comentario de Ki Tavó →

El pacto con los que no están

La lista de los convocados es deliberadamente exhaustiva —jefes y leñadores, mujeres, niños, el forastero del campamento— y aun así resulta corta, porque el versículo siguiente la desborda:

«Y no con ustedes solos hago yo este pacto y este juramento, sino con el que está aquí con nosotros, de pie hoy delante del Eterno nuestro Dios, y con el que no está aquí con nosotros hoy.» Devarim 29:13–14

«Con el que no está aquí»: también con las generaciones que habrán de ser (Rashi sobre Devarim 29:14). No se trata de los que faltaron a la asamblea —el texto acaba de decir que estaban todos—, sino de los que todavía no existen. El pacto se firma, en su propio texto, con gente que aún no nació y que no tuvo voz en la firma. Es una rareza jurídica y la Torá no la disimula.

Y el capítulo se cierra con un versículo que la tradición marcó físicamente. En el rollo, sobre las palabras «para nosotros y para nuestros hijos» hay once puntos escritos encima de las letras — de los pocos lugares del Tanaj donde la Masorá deja una marca así:

«Lo oculto, para el Eterno nuestro Dios; y lo revelado, para nosotros y para nuestros hijos, para siempre — para hacer todas las palabras de esta Torá.» Devarim 29:28

El reparto es explícito y sirve de aviso a cualquiera que se acerque a estos textos buscando la clave de todo: hay una parte que no nos toca. Lo que nos toca no es lo escondido — es lo revelado, y lo revelado se define aquí por su verbo: para hacer.

«No está en el cielo»

De ahí sale, sin transición, el pasaje más citado de la parashá, y el argumento se construye por eliminación:

«Porque este mandamiento que yo te ordeno hoy no es demasiado difícil para ti, ni está lejos. No está en el cielo, para decir: ¿quién subirá por nosotros al cielo y nos lo traerá y nos lo hará oír, y lo haremos? Ni está al otro lado del mar, para decir: ¿quién cruzará por nosotros al otro lado del mar y nos lo traerá y nos lo hará oír, y lo haremos? Porque muy cerca de ti está la palabra: en tu boca y en tu corazón, para hacerla.» Devarim 30:11–14

Repárese en qué es lo que el versículo desmonta. No desmonta la dificultad de cumplir: desmonta las dos excusas con las que se aplaza el cumplimiento, y las dos tienen la misma forma — «que suba alguien», «que cruce alguien». Las dos consisten en delegar en un enviado. La respuesta no es «es fácil»; es «ya está en tu boca».

Siglos después, esas tres palabras se usaron para decidir un pleito. Rabí Eliezer sostenía una posición que ningún sabio aceptaba, y trajo pruebas: un algarrobo que se movió de sitio, un canal de agua que corrió hacia atrás, las paredes de la casa de estudio que se inclinaron. Y al final una voz del cielo que declaró que la halajá era como él.

«Se puso de pie Rabí Yehoshúa sobre sus pies y dijo: “¡No está en el cielo!”. ¿Qué es «no está en el cielo»? Dijo Rabí Yirmiá: que ya fue dada la Torá desde el monte Sinaí, y no atendemos a una voz celestial, porque ya escribiste en el Sinaí, en la Torá, «tras la mayoría hay que inclinarse». Encontró Rabí Natán a Eliyahu y le dijo: ¿qué hizo el Santo, bendito sea, en aquella hora? Le dijo: sonrió y dijo: “me han vencido mis hijos, me han vencido mis hijos”.» Talmud, Bavá Metziá 59b

Vale la pena medir el atrevimiento de la escena. Un versículo que en su contexto dice «la Torá está a tu alcance, no tienes excusa» es usado para rechazar una intervención directa del Cielo en una discusión de derecho — y el relato hace que el Cielo mismo dé la razón, riéndose. La cercanía que promete Devarim 30 no es un consuelo: es una transferencia de responsabilidad, y viene con todo el peso encima.

Antes de eso, el capítulo había dicho a dónde lleva esa responsabilidad cuando se ejerce:

«Y volverá el Eterno tu Dios tu cautiverio y tendrá misericordia de ti, y volverá y te recogerá de todos los pueblos donde te dispersó el Eterno tu Dios.» Devarim 30:3

Rashi se queda con el verbo. Debería decir «hará volver tu cautiverio»; dice «volverá». Y de ahí aprendieron los sabios que la Presencia habita con Israel en la angustia de su exilio, de modo que cuando son redimidos, Él escribe la redención de sí mismo: que Él volverá con ellos (Rashi sobre Devarim 30:3, a partir de Meguilá 29a). Y añade una segunda lectura: que el día de la reunión de los desterrados es tan grande y tan difícil que es como si Él mismo tuviera que ir tomando a cada uno de la mano, uno por uno, del lugar donde está — «y ustedes serán recogidos uno a uno, hijos de Israel» (Yeshayahu 27:12).

Y con eso puesto, la parashá formula la elección en la forma más desnuda que tiene el libro entero:

«Pongo por testigos contra ustedes hoy al cielo y a la tierra: la vida y la muerte he puesto delante de ti, la bendición y la maldición. Y elegirás la vida, para que vivas tú y tu descendencia.» Devarim 30:19

Léase con cuidado el orden. El versículo pone las dos cosas delante y, acto seguido, dice cuál. No es una prueba: es una instrucción con la respuesta incluida. La libertad que la Torá concede aquí es real y al mismo tiempo se le indica hacia dónde conviene usarla — que es, exactamente, lo que hace un padre con un hijo al que ya no puede acompañar.

Vayeilej: «hoy se me cumplieron los días»

Y entonces el texto cambia de tono con dos palabras. Vayélej Moshé: «y fue Moshé». La Torá no dice a dónde.

«Y les dijo: ciento veinte años tengo yo hoy; ya no puedo salir ni entrar. Y el Eterno me ha dicho: no cruzarás este Jordán.» Devarim 31:2

Otra vez la palabra hoy, y otra vez Rashi la subraya: hoy se me cumplieron mis días y mis años; en este día nací y en este día he de morir (Rashi sobre Devarim 31:2, a partir de Sotá 13b). El hombre que pasó la parashá anterior diciendo «hoy, hoy, hoy» para que el pacto no envejeciera, usa la misma palabra para fechar su propia muerte.

El Zohar se detiene en el verbo suelto —fue, ¿a dónde?— y responde con una imagen física:

«Y fue Moshé: ¿qué es «y fue», a dónde fue? Sino que «fue» como un cuerpo sin brazo — como está dicho: “y anduvieron sin fuerza delante del perseguidor” (Eijá 1:6). Porque murió Aharón, que era el brazo derecho.» Zohar, Vayeilej (sobre Devarim 31:1)

Y sigue con la imagen que da a esta semana su clave astronómica. Todos los días de Moshé, dice, Israel comió pan del cielo; en cuanto llegó Yehoshúa, «cesó el maná al día siguiente… y comieron del producto de la tierra» (Yehoshúa 5:11–12). Y explica la diferencia:

«Todo el tiempo que Moshé estuvo, el cuerpo del sol gobernaba e iluminaba al mundo. Cuando Moshé se recogió, se recogió el cuerpo del sol y salió el cuerpo de la luna, y Yehoshúa se servía de la luz de la luna. ¡Ay de aquella disminución!» Zohar, Vayeilej (sobre Devarim 31:2)

Es una despedida descrita como un cambio de fuente de luz. El sol no se apaga: se recoge. Y lo que queda no es oscuridad — es una luz menor, prestada, que crece y mengua y hay que renovar cada mes. La generación que entra a la tierra deja de comer pan del cielo y empieza a comer del producto del suelo: la providencia no se retira, se vuelve trabajable. Se paga con esfuerzo lo que antes caía.

Por eso lo único que Moshé repite en este capítulo, cuatro veces, es una orden de coraje: jizkú ve'imtzú, sean fuertes y valientes, «porque el Eterno tu Dios es el que va contigo; no te soltará ni te abandonará» (Devarim 31:6). Y se lo dice después a Yehoshúa a los ojos de todo Israel, con la misma fórmula (31:7–8). No le entrega poderes: le entrega la promesa de que el que va delante no cambia con el relevo.

Hakhel: y los niños, ¿a qué vienen?

Antes de irse, Moshé instituye la única ceremonia de la Torá que convoca literalmente a todo el mundo, y la fija cada siete años:

«Al cabo de siete años, en el tiempo señalado del año de la remisión, en la fiesta de Sukot… reúne al pueblo: los hombres, las mujeres y los niños, y tu forastero que está en tus puertas — para que oigan y para que aprendan, y teman al Eterno su Dios.» Devarim 31:10–12

Rashi desglosa a los tres grupos, y el tercero es el que descoloca: los hombres, para aprender; las mujeres, para oír; y los niños, ¿a qué vienen? Para dar recompensa a los que los traen (Rashi sobre Devarim 31:12, a partir de Jaguigá 3a).

El Talmud conserva la escena en que se dijo eso. Rabí Yojanán ben Beroká y Rabí Elazar ben Jisma fueron a saludar a Rabí Yehoshúa en Pekiín, y él les preguntó qué novedad hubo ese día en la casa de estudio. Le contaron que Rabí Elazar ben Azaria había expuesto justamente el versículo de Hakhel y había preguntado: si los hombres vienen a aprender y las mujeres a oír, los niños ¿a qué vienen? Para dar recompensa a quienes los traen. Y Rabí Yehoshúa les contestó: «una perla buena tenían en la mano, ¿y querían perderla de mí?» (Jaguigá 3a).

Hay algo exacto en esa halajá. El niño que no entiende nada igual tiene que estar; no por lo que se lleve —no se lleva nada que pueda decir—, sino porque el acto de llevarlo cuenta. Es lo contrario de una pedagogía de resultados: se mide el traslado, no la comprensión. Un pueblo que sólo reúne a los que entienden se queda sin los que entenderán.

Y una nota de continuidad que vale la pena señalar: en ese mismo folio, y en esa misma conversación, Rabí Elazar ben Azaria expone los dos versículos que leímos la semana pasada — al Eterno has hecho decir hoy y el Eterno te ha hecho decir hoy (Devarim 26:17–18) — y los resuelve así: «ustedes me hicieron una unidad única en el mundo, y yo los haré a ustedes una unidad única en el mundo» (Jaguigá 3a). Las dos parashiot que cierran el año fueron leídas juntas, en la misma tarde, por el mismo sabio.

La posición en el Gran Ciclo · sólo aquí

Nitzavim-Vayeilej se lee el 23 de Elul de 5786, año en posición 10 de 19 del ciclo de intercalación #305 — cuarto cuadrante, año común de doce meses. Es la última entrega del año: Rosh Hashaná 5787 cae el 12 de septiembre de 2026, en siete días exactos. Y el calendario explica por qué esta semana son dos parashiot y no una. La regla es que Nitzavim se lee siempre antes de Rosh Hashaná; cuando el año nuevo cae en lunes o martes quedan dos Shabatot entre Rosh Hashaná y Sukot, y entonces hay que partir Nitzavim y Vayeilej para llenarlos — pero cuando cae más tarde en la semana sólo queda un Shabat, que se lleva Haazinu, y Vayeilej se adelanta y se une a Nitzavim (Shulján Aruj, Oraj Jaim 428:4; Mishná Berurá 428:8). Este año Rosh Hashaná cae en Shabat: por eso se leen juntas. El mismo pasaje guarda la regla nemotécnica de la lectura de hoy — kumu utkú, «levántense y toquen»: Nitzavim antes del toque del shofar (Mishná Berurá 428:10). Y arriba, el cielo hace lo suyo: el mazal del mes, contado como cuenta Israel —de Rosh Jódesh a Rosh Jódesh, no por el corte solar de las Naciones—, sigue siendo ♍ Betulá, y la luna entra en este Shabat en fase menguante camino de desaparecer. Rosh Hashaná es la única fiesta que cae con la luna oculta. Se entra al juicio a oscuras, y el año que empieza es bisiesto: trece meses, con un Adar II por delante.

El rostro que se esconde y el canto que queda

Vayeilej no termina con la ceremonia. Termina con lo que Dios le dice a Moshé en privado, y es lo más duro del libro después de la tojejá:

«He aquí que tú vas a yacer con tus padres, y se levantará este pueblo y se prostituirá tras los dioses ajenos de la tierra a la que va… Y se encenderá mi ira contra él en aquel día, y los abandonaré y esconderé mi rostro de ellos… y dirá en aquel día: “¿acaso no es porque mi Dios no está en mi medio que me han hallado estos males?”. Y yo ciertamente esconderé mi rostro en aquel día.» Devarim 31:16–18

La frase que hay que leer despacio es la del pueblo, no la de Dios. En medio del castigo, el pueblo acierta el diagnóstico: esto pasa porque Él no está en mi medio. Y la respuesta no es «te equivocas»: es «y yo ciertamente esconderé mi rostro». El esconderse es doble — no está, y además no se ve que no está. Lo que el texto llama hester panim no es la ausencia; es la ausencia que no se nota.

Contra eso, y sólo contra eso, se ordena la última mitzvá del libro:

«Y ahora, escríbanse este canto y enséñenlo a los hijos de Israel, ponlo en su boca, para que sea este canto testigo mío contra los hijos de Israel… y responderá este canto delante de él como testigo, porque no será olvidado de la boca de su descendenciaDevarim 31:19 y 31:21

El remedio que se deja para el tiempo del rostro escondido no es un ejército, ni una institución, ni una garantía. Es un texto memorizado. Algo que se aprende de boca en boca y que sigue estando en la boca de los nietos cuando ya no queda nada más — precisamente porque no depende de que alguien lo custodie. Y la razón que da el versículo no es optimista: no dice «porque lo van a cuidar», dice «porque no será olvidado». Se apuesta a la resistencia de lo cantado.

«Me alegraré, me alegraré en el Eterno»

La haftará es la séptima y última de las de consuelo — se acaban las siete justo aquí, en el último Shabat del año — y empieza con el verbo que Ki Tavó dijo que había faltado:

«Me alegraré, me alegraré en el Eterno; se gozará mi alma en mi Dios, porque me vistió con vestiduras de salvación, con manto de justicia me cubrió — como el novio que se pone el turbante, y como la novia que se adorna con sus joyas.» Yeshayahu 61:10

La semana pasada el capítulo 28 dio la causa del exilio: «por cuanto no serviste al Eterno tu Dios con alegría, de tanto tenerlo todo» (Devarim 28:47). Y el ciclo de las siete consolaciones se cierra, siete días antes del juicio, con un verbo de alegría duplicado en la primera palabra. No es casualidad de calendario: es la corrección puesta exactamente donde falta.

Y el profeta explica en qué consiste la corrección. No es un cambio de circunstancias — es un cambio de nombre:

«No se dirá de ti nunca más “abandonada”, ni de tu tierra se dirá nunca más “desolada”; sino que te llamarán Jefetzi-bah —mi deleite está en ella— y a tu tierra, Beulá… y como se goza el novio con la novia, se gozará contigo tu Dios.» Yeshayahu 62:4–5

Y termina con el versículo que, en una semana de rostro escondido, dice la única cosa que se puede decir:

«En toda angustia de ellos, Él fue angustiado, y el ángel de su faz los salvó; con su amor y con su clemencia Él los redimió, y los alzó y los llevó todos los días del mundo.» Yeshayahu 63:9

Este versículo tiene una marca de la Masorá que conviene no esconder: el texto escrito dice lo con álef — «no fue angustiado» — y la lectura recibida dice lo con vav — «a Él le fue angustia». Las dos lecturas están, una escrita y otra dicha, y la tradición eligió leer en voz alta la segunda. Es decir: donde el rollo deja abierta la posibilidad de que la angustia del pueblo no lo toque, la boca que lo lee decide que sí lo toca. Es la misma operación que Rashi hizo con «y volverá el Eterno tu Dios tu cautiverio»: la Presencia no mira el exilio desde afuera.

Quedan siete días. La parashá no pide, para ellos, ninguna hazaña: pide seguir de pie, no delegar en nadie que suba a buscar la respuesta, elegir la vida donde está puesta, y llevar a los que todavía no entienden. Es poco, y es todo lo que este año alcanza a pedir. El sol se recoge y sale la luna; el pan del cielo se acaba y empieza el producto del suelo. No es una pérdida: es el modo en que la luz pasa a manos de quien tiene que caminar con ella.

Shabat Shalom, y buena entrada al año. Que nos encuentre de pie — y que la alegría que faltó el año pasado sea la primera cosa que traigamos al año que viene.

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Fuentes de esta entrega: Devarim 29:9–14; 29:28; 30:3; 30:11–14; 30:19; 31:1–2; 31:6–8; 31:10–12; 31:16–19 y 31:21 · Rashi sobre Devarim 29:9, 29:12, 29:14, 30:3, 31:2 y 31:12 · Midrash Tanjumá, Nitzavim 1 · Talmud: Bavá Metziá 59b, Jaguigá 3a, Meguilá 29a, Sotá 13b · Zohar, Vayeilej (sobre Devarim 31:1–2) · Shulján Aruj, Oraj Jaim 428:4 y Mishná Berurá 428:8 y 428:10 · Yeshayahu 27:12; 61:10; 62:4–5; 63:9 · Yehoshúa 5:11–12 · Eijá 1:6 · Devarim 26:17–18 y 28:47 (de la entrega anterior).
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