Bereshit terminó con una línea sola: «y Nóaj halló gracia a los ojos del Eterno» (Bereshit 6:8). Esta semana se lee qué hizo con esa gracia. Casi seis capítulos que van del arca al arco y del arco a la torre, y que este año se leen en el primer Shabat de Marjeshván —Jeshván, como se le llama abreviado—, el mes en que, según los sabios de Israel, empezó a llover.
«Estas son las generaciones de Nóaj: Nóaj era un hombre justo, íntegro fue en sus generaciones; con Dios anduvo Nóaj.» Bereshit 6:9
Las generaciones de un justo
El versículo anuncia «las generaciones de Nóaj» y, en vez de nombrar a sus hijos, dice que era justo. Rashi lo lee así: te enseña que las verdaderas generaciones de los justos son sus buenas obras (Rashi sobre Bereshit 6:9, a partir de Bereshit Rabá 30:6). Lo que alguien engendra no es sólo quién viene después: es lo que hizo.
Y la palabra siguiente, «en sus generaciones», abrió un debate que la tradición nunca cerró. Algunos de nuestros sabios la leen como elogio: si fue justo en una generación así, en una generación de justos lo habría sido todavía más. Y otros la leen como crítica: era justo comparado con su generación, pero si hubiera vivido en la generación de Avraham no habría sido considerado nada (Rashi sobre Bereshit 6:9, a partir de Sanhedrín 108a). Rashi trae las dos y no decide.
La tercera frase va en la misma dirección. De Nóaj se dice que anduvo con Dios; de Avraham, que anduvo delante de Él (Bereshit 24:40). Nóaj necesitaba apoyo que lo sostuviera; Avraham se fortalecía y caminaba en su justicia por sí mismo (Rashi sobre Bereshit 6:9, a partir de Bereshit Rabá 30:10). No es un reproche: es una medida. Hay justicia que se sostiene de la mano y justicia que camina por delante.
Ciento veinte años de una pregunta
«Hazte un arca de madera de gófer» (Bereshit 6:14). Rashi pregunta lo obvio: Dios tenía muchas maneras de salvar a Nóaj, ¿por qué lo cargó con esta construcción? Para que la gente de la generación del Diluvio lo viera trabajar en ella ciento veinte años, y le preguntara «¿para qué es esto?», y él les dijera que el Santo, bendito sea, iba a traer un diluvio — quizá se arrepentirían (Rashi sobre Bereshit 6:14, a partir de Sanhedrín 108b).
El arca, antes de ser un refugio, fue una obra a la vista de todos. Un aviso que no se predicaba: se construía, tabla por tabla, hasta que alguien preguntara. Y sobre la «ventana» del arca (tzóhar, 6:16) Rashi trae dos opiniones: unos dicen que era una ventana, y otros que era una piedra preciosa que les daba luz (Rashi sobre Bereshit 6:16, a partir de Bereshit Rabá 31:11). En un año en que, como se verá, no habría sol ni luna que contar, la luz del arca tenía que venir de dentro.
Las aguas que llevan su nombre
Siglos después, el profeta llama al Diluvio por el nombre de un hombre: «porque esto es para Mí como las aguas de Nóaj» (Yeshayahu 54:9). ¿Por qué «de Nóaj»? El Zohar responde con dureza:
«Cuando el Santo, bendito sea, le dijo que él y sus hijos se salvarían en el arca, no pidió misericordia por el mundo, y se perdieron. Por eso las aguas del Diluvio se llaman por su nombre.» Zohar, Nóaj 25:181 (traducido del arameo)
Y el contraste está en la página de al lado. Cuando Dios le dijo a Moshé «déjame… y haré de ti una gran nación» (Shemot 32:10), Moshé pensó: ¿voy a abandonar a Israel por mi propio provecho? Dirá el mundo que yo los maté, como hizo Nóaj con su generación. Y concluyó: mejor que yo muera y que Israel no sea destruido. En seguida suplicó, y la misericordia despertó sobre el mundo (Zohar, Nóaj 25:180–182). La promesa que a Nóaj le bastó, a Moshé le pareció una acusación.
Bereshit preguntó «¿dónde estás?» y contó la luna que se hizo pequeña. Esta semana el reloj que se instaló el cuarto día se detiene por un año entero — y vuelve a andar con una promesa. Leer el comentario de Bereshit →
«En el mes segundo»
«En el año seiscientos de la vida de Nóaj, en el mes segundo, a los diecisiete días del mes, en ese día se abrieron todas las fuentes del gran abismo, y las compuertas de los cielos se abrieron.» Bereshit 7:11
¿Segundo contando desde dónde? Rashi resume un desacuerdo: Rabí Eliézer dice que es Marjeshván; Rabí Yehoshúa dice que es Iyar (Rashi sobre Bereshit 7:11). La Guemará lo desarrolla con astronomía. Para Rabí Yehoshúa, el 17 de Iyar es el día en que la constelación de Kimá se pone de día y los manantiales disminuyen; para Rabí Eliézer, el 17 de Marjeshván es el día en que Kimá sale de día y los manantiales crecen. Según uno y otro, porque cambiaron sus obras, el Santo, bendito sea, cambió para ellos la obra de la Creación: hizo subir a Kimá de día, tomó dos estrellas de Kimá y trajo el Diluvio (Rosh Hashaná 11b–12a).
Para Rabí Eliézer, «segundo» quiere decir segundo al mes del juicio: el que sigue a Tishrei. Y la Guemará cierra con una regla que importa a este sitio: los sabios de Israel cuentan el Diluvio según Rabí Eliézer, y las estaciones del sol según Rabí Yehoshúa; los sabios de las naciones del mundo cuentan también el Diluvio según Rabí Yehoshúa (Rosh Hashaná 12a). Para Israel, entonces, el Diluvio empezó el 17 de Marjeshván. Este año ese día cae el miércoles 28 de octubre.
Un año completo
La lluvia empezó el 17 del mes segundo; la tierra se secó «en el mes segundo, a los veintisiete días del mes» (Bereshit 8:14). Un año y diez días después. Rashi hace la cuenta: estos son los once días en que el sol excede a la luna, porque el juicio de la generación del Diluvio fue un año completo (Rashi sobre Bereshit 8:14). Del 17 al 27, contando los dos extremos, son once días: los mismos que separan los 354 días de doce lunas de los 365 de un año de sol.
Es decir: el juicio se midió con la luna y se completó con el sol. La Torá fecha el Diluvio por meses lunares —«el mes segundo»— y lo cierra cuando se completa el año solar. Es exactamente el problema que resuelve el calendario hebreo, que cuenta meses de luna y tiene que alcanzar al sol: por eso intercala siete meses en cada ciclo de diecinueve años.
La posición en el Gran Ciclo · sólo aquí
Nóaj se lee este año el Shabat 17 de octubre, 6 de Marjeshván de 5787, año en posición 11 de 19 del ciclo de intercalación #305 (AM 5777–5795), cuarto cuadrante, bisiesto de 385 días. La luna está creciente —el domingo llega a cuarto creciente— y el mazal de todo el mes es ♏ Akráv. Recorrida la base completa, Nóaj cae siempre en el primer Shabat de Marjeshván, y sólo en cuatro fechas: el 1 (1.915 años, Shabat Rosh Jódesh), el 3 (690), el 4 (1.684) o el 6 (1.715). Sólo en el 6 la salida del Shabat abre la noche del 7 de Marjeshván, cuando en Israel se empieza a pedir la lluvia — y esos 1.715 años son, otra vez, los de Rosh Hashaná en Shabat. Pasó en 5784 y pasa en 5787; y como 5787 dura exactamente 55 semanas, pasará también en 5788.
Y la cuenta de Rashi se puede poner a prueba en la base. Del 17 de Marjeshván al 27 de Marjeshván del año siguiente, contando los dos extremos, nuestro calendario da 364, 365, 366, 394, 395 o 396 días, según el tipo de año. Da exactamente 365 sólo en los años de 354 días —1.459 de 6.003—, que es justamente el año lunar con que Rashi hace la cuenta. Este año daría 396: 5787 tiene un mes de más. Proyectado hacia atrás, el calendario fijo pone el comienzo del Diluvio el miércoles 17 de Marjeshván de AM 1656 —la suma de las edades de Bereshit 5 da 1.056 para el nacimiento de Nóaj, y la lluvia llegó en su año seiscientos (7:6)— y ese año sale bisiesto, de 385 días. Es una proyección: el calendario calculado no regía entonces, y según Rashi, durante ese año los astros ni siquiera sirvieron.
«Día y noche no cesarán»
«Mientras duren los días de la tierra, siembra y cosecha, frío y calor, verano e invierno, y día y noche, no cesarán.» Bereshit 8:22
Rashi reparte el año en seis estaciones de dos meses cada una, según la Guemará: medio Tishrei, Marjeshván y medio Kislev es siembra; medio Kislev, Tevet y medio Shevat es frío; y así hasta el calor de medio Av, Elul y medio Tishrei (Rashi sobre Bereshit 8:22, a partir de Bavá Metziá 106b). Este Shabat está en el corazón de la siembra.
Y de la promesa saca una consecuencia: si Dios promete que día y noche no cesarán, es que cesaron. Cesaron todos los días del Diluvio, porque no sirvieron los astros —lo shimshú ha-mazalot— y no se distinguía entre el día y la noche (Rashi sobre Bereshit 8:22, a partir de Bereshit Rabá). Para un sitio construido sobre un calendario de seis mil años, ésta es la frase de la parashá: hubo un año en que el reloj del cuarto día se detuvo. Sin sol ni luna que contar, el arca vivió un año sin calendario. Lo primero que Dios devuelve al mundo después del Diluvio no es la tierra seca: es el tiempo.
La noche en que se pide la lluvia
La misma semana en que se lee el Diluvio, Israel empieza a pedir lluvia. La Mishná: el 3 de Marjeshván se pide la lluvia; Rabán Gamliel dice: el 7, quince días después de la fiesta, para que el último de Israel llegue al río Éufrates (Mishná Taanit 1:3). Se esperaba a que el último peregrino que había subido a Jerusalén para Sucot llegara a casa sin que la lluvia lo sorprendiera en el camino.
La halajá sigue esa espera: en la tierra de Israel se empieza a pedir desde la noche del 7 de Marjeshván; fuera de ella, desde la oración de la noche del día sesenta después de la tekufá de Tishrei, el equinoccio de otoño según el cómputo de los sabios (Shulján Aruj, Óraj Jaim 117:1). Una petición que en Israel se fija por la luna y en la diáspora por el sol: las dos cuentas de Rosh Hashaná 12a —la de los meses y la de las estaciones del sol—, otra vez juntas. Este año la noche del 7 de Marjeshván empieza al salir el Shabat de Nóaj: la primera vez que en Israel se dice «y da rocío y lluvia» es la noche del sábado en que se leyó el Diluvio.
Las aguas que destruyeron y las aguas que se piden son las mismas aguas. La diferencia es la medida: la del Diluvio rompió las fuentes del abismo; la que se pide llega a su tiempo, después de que el último caminante llegó a casa.
El arco y la novia
«Mi arco he puesto en la nube, y será por señal del pacto entre Mí y la tierra.» Bereshit 9:13
El Zohar cuenta que un hombre de Judea le transmitió lo que su padre le dijo antes de morir: no esperes los pasos del Mashíaj hasta que se vea este arco en el mundo adornado con colores luminosos. Hoy el arco se ve con colores oscuros, sólo como recuerdo de que no vendrá otro diluvio; pero en aquel tiempo se verá con colores luminosos, adornado como una novia que se adorna para su esposo, y entonces se cumplirá «lo veré para recordar el pacto eterno» (Bereshit 9:16): el Santo, bendito sea, recordará el pacto que está en el exilio y lo levantará del polvo (Zohar, Nóaj 35:290–291).
Y por eso, concluye, la redención de Israel y el recuerdo del arco se mencionan juntos en la Escritura: «como juré que las aguas de Nóaj no volverían a pasar sobre la tierra, así he jurado no enojarme contigo ni reprenderte» (Zohar, Nóaj 35:292; Yeshayahu 54:9). Es el versículo de la haftará de esta semana.
La torre que se construyó sobre un cálculo
«Y era toda la tierra de una sola lengua y de palabras unas» (Bereshit 11:1). Rashi da tres lecturas de «palabras unas». La tercera es la más inquietante para quien estudia ciclos: dijeron: una vez cada mil seiscientos cincuenta y seis años el firmamento se tambalea, como hizo en los días del Diluvio; vengan y hagámosle soportes (Rashi sobre Bereshit 11:1, a partir de Bereshit Rabá 38:6).
Mil seiscientos cincuenta y seis es la fecha del Diluvio contada desde la Creación. La generación de la torre tomó un dato verdadero —el año en que ocurrió— y lo convirtió en un período: si pasó una vez en el año 1656, pasará cada 1656 años. Y sobre ese cálculo construyó. La Torá no les reprocha haber contado; les reprocha lo que hicieron con la cuenta. Un calendario describe el tiempo; no lo decreta. Este sitio cuenta seis mil años de días, y la lección de Babel es la regla que lo gobierna: el ciclo enseña a leer el tiempo, no a pelearse con el cielo.
«Canta, estéril»
La haftará empieza consolando a la que no tuvo hijos (Yeshayahu 54:1) y llega a la promesa que el Zohar leyó en el arco: «porque los montes se moverán y las colinas temblarán, pero mi bondad no se apartará de ti, y mi pacto de paz no temblará» (Yeshayahu 54:10). Después del Diluvio, lo único que se promete que no se moverá no es la tierra: es la bondad.
La parashá termina en Jarán, con la genealogía que llega hasta Avram (Bereshit 11:26–32). La semana próxima, Lej Lejá, empieza a caminar el que, según Rashi, andaba delante de Dios y no necesitaba que lo sostuvieran. Diez generaciones después de Nóaj (Mishná Avot 5:2), alguien va a pedir misericordia por una ciudad entera.
Shabat Shalom. Que la lluvia que se empieza a pedir esta semana llegue a su tiempo, y que sepamos pedir por los demás lo que pedimos para nosotros.
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Fuentes de esta entrega: Bereshit 5:3–28; 6:8–9; 6:14; 6:16; 7:6; 7:11; 8:14; 8:22; 9:13; 9:16; 11:1; 11:26–32; 24:40 · Shemot 32:10 · Rashi sobre Bereshit 6:9, 6:14, 6:16, 7:11, 8:14, 8:22 y 11:1 · Bereshit Rabá 30:6, 30:10, 31:11 y 38:6 · Zohar, Nóaj 25:180–182 y 35:290–292 · Talmud: Rosh Hashaná 11b–12a; Sanhedrín 108a–b; Bavá Metziá 106b · Mishná Taanit 1:3 · Mishná Avot 5:2 · Shulján Aruj, Óraj Jaim 117:1 · Yeshayahu 54:1, 54:9–10 · Calendario: Hebcal (lectura y haftará) y gran_ciclo_hebreo.db.
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