ZOHAR LATINOAMÉRICA
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La Parashá de la Semana · Comentario de la Escuela

פָּרָשַׁת חַיֵּי שָׂרָה

Jayé Sará: entrar en los días

27 de Marjeshván 5787 · 7 de noviembre 2026 · Bereshit 23:1–25:18 · Haftará: Melajim I 1:1–31

Edición y revisión: Eduardo Rodríguez

Vayerá terminó en el monte Moriá, con un carnero en lugar del hijo. Jayé Sará empieza con una muerte y se llama «la vida de Sará». Es la parashá de los años contados: los de Sará, uno por uno; los de Avraham, que «entró en los días»; y los del rey David en la haftará, con las mismas palabras. Este año se lee el 27 de Marjeshván, el último Shabat del mes de Akráv, con la luna menguante, cuando se bendice el mes que viene.

«Y fue la vida de Sará cien años y veinte años y siete años: los años de la vida de Sará.» Bereshit 23:1

Cien, veinte y siete

La Torá podía decir «ciento veintisiete años». Dice «cien años, y veinte años, y siete años», y Rashi pregunta por qué repite la palabra. Para decirte que cada uno se interpreta por sí mismo: a los cien era como a los veinte en cuanto al pecado; así como a los veinte no había pecado, porque todavía no estaba sujeta a castigo, así a los cien estaba sin pecado; y a los veinte era como a los siete en belleza (Rashi sobre Bereshit 23:1). Y el final del versículo, «los años de la vida de Sará», sin número, quiere decir que todos fueron iguales para bien (Rashi, ibíd.).

Rashi no suma los años: los separa. Cada edad de Sará conserva lo mejor de la anterior. No se cuenta cuánto vivió, sino cómo estuvo cada tramo.

El Midrash cuenta que el número se usó una vez para despertar a una audiencia. Rabí Akiva estaba sentado enseñando, y el público se adormecía. Quiso despertarlos y dijo: ¿por qué mereció Ester reinar sobre ciento veintisiete provincias? Que venga Ester, que era descendiente de Sará, que vivió ciento veintisiete años, y reine sobre ciento veintisiete provincias (Bereshit Rabá 58:3). Cada año de Sará se volvió una provincia en manos de una descendiente suya.

«Vino Avraham a llorarla»

«Y murió Sará en Kiryat Arbá, que es Jevrón, en la tierra de Kenáan, y vino Avraham a hacer duelo por Sará y a llorarla» (Bereshit 23:2). ¿Por qué «la ciudad de los cuatro»? Rashi da dos respuestas: por los cuatro gigantes que vivían allí, o por las cuatro parejas que fueron enterradas allí, hombre y mujer: Adam y Javá, Avraham y Sará, Yitzjak y Rivká, Yaakov y Leá (Rashi sobre Bereshit 23:2, a partir de Bereshit Rabá 58:4). Cuando Sará muere, la ciudad ya lleva el nombre de la tumba que todavía no se ha comprado.

¿Y de dónde vino Avraham? De Beer Sheva (Rashi, ibíd.), adonde había vuelto después del monte Moriá. Y Rashi explica por qué el relato de la muerte sigue al de la atadura: porque por la noticia de la atadura, que su hijo había sido preparado para el sacrificio y casi fue sacrificado, su alma voló de ella y murió (Rashi sobre Bereshit 23:2). La semana pasada Sará se reía a la entrada de la tienda. Esta semana Avraham entra a llorarla.

La cueva doble

Avraham se presenta ante los hijos de Jet como «extranjero y residente» y pide la cueva de la Majpelá «por su precio completo» (Bereshit 23:4, 23:9). Majpelá viene de la raíz de «doblar». Rashi explica: una casa y un piso encima; otra explicación: que está doblada en parejas (Rashi sobre Bereshit 23:9; Eruvín 53a). Y «precio completo» es todo lo que vale, como dijo David a Arauná cuando compró el lugar del altar (Rashi, ibíd.; Divré HaYamim I 21:22). La primera tierra que Avraham posee en la tierra prometida la paga entera, y es una tumba.

Efrón le ofrece regalarla y después le pone precio: cuatrocientos siclos de plata, de curso entre mercaderes (Bereshit 23:15–16). En el versículo 16 el nombre aparece dos veces: primero escrito completo, Efrón con vav, y luego, cuando Avraham le pesa la plata, sin vav. Rashi lo lee así: porque dijo mucho y ni siquiera hizo poco, ya que le cobró en siclos grandes, centenarios (Rashi sobre Bereshit 23:16; Bavá Metziá 87a). Al que promete mucho y da poco, la Torá le quita una letra del nombre.

Las semanas pasadas

Vayerá terminó con la atadura de Yitzjak y el carnero cuyo cuerno se oye en Rosh Hashaná. Rashi lee la primera frase de esta semana como la otra cara de esa misma escena: la noticia de la atadura le costó la vida a Sará. Leer el comentario de Vayerá →

«Entró en los días»

«Y Avraham era viejo, entrado en días, y el Eterno había bendecido a Avraham en todo.» Bereshit 24:1

En hebreo, ba bayamim, «entrado en días», no es lo mismo que «viejo»: el versículo dice las dos cosas. El Midrash HaNeelam del Zohar lee la expresión como un lugar. Rabí Bo dijo en nombre de Rabí Yojanán: en aquel mundo, que es días, y no en este mundo, que es noche (Zohar, Jayé Sará 19:154). Y unas líneas antes: cuando el alma llega a su grado, se cumple la largura de los días; eso es lo que está escrito: «y Avraham era viejo, entrado en días»: entró en la largura de los días, al mundo que viene (Zohar, Jayé Sará 19:151). Para el Zohar, Avraham no se fue quedando sin días. Entró en ellos.

¿Y qué es «en todo», bakol? Rashi cuenta letras: bakol tiene el mismo valor numérico que ben, «hijo», cincuenta y dos; y como tenía un hijo, tenía que casarlo (Rashi sobre Bereshit 24:1). El Talmud propone otras lecturas de la bendición: que Esav no se rebeló en sus días, o que Yishmael hizo teshuvá en sus días (Bavá Batrá 16b). Y el Zohar dice que fue una hija: la hija se la dio a Avraham, como está escrito «y el Eterno bendijo a Avraham en todo»: Avraham tuvo una hija, y «En todo» era su nombre (Zohar, Vayejí 22:177).

«Hazme encontrar hoy»

El siervo de Avraham —la tradición lo llama Eliézer— llega al pozo de Aram Naharáyim con diez camellos y hace una oración con condición: «Eterno, Dios de mi señor Avraham, haz que me encuentre hoy». La joven a la que diga «inclina tu cántaro para que beba» y responda «bebe, y también a tus camellos daré de beber», «a ella la has designado para tu siervo, para Yitzjak» (Bereshit 24:12–14). Rashi explica el criterio: es digna de él, porque practica la bondad, y merece entrar en la casa de Avraham (Rashi sobre Bereshit 24:14). La prueba no es de linaje ni de belleza. Es la tienda abierta de Vayerá, ahora junto a un pozo.

Cuando el siervo repite la historia ante la familia de Rivká, dice: «y llegué hoy al manantial» (Bereshit 24:42). Rashi: hoy salí y hoy llegué; de aquí, que la tierra se encogió para él (Rashi sobre Bereshit 24:42). El Talmud lo pone en una lista breve: a tres se les encogió la tierra: a Eliézer, siervo de Avraham, a Yaakov nuestro padre y a Avishái hijo de Tzeruyá (Sanhedrín 95a).

Y Rabí Ajá saca una lección de la repetición misma. La Torá cuenta el viaje dos veces, una como relato y otra en boca del siervo. Más hermosa es la conversación de los siervos de los patriarcas ante el Omnipresente que la Torá de los hijos: la sección de Eliézer está duplicada en la Torá, y muchos cuerpos de la Torá no se dieron sino por alusión (Rashi sobre Bereshit 24:42; Bereshit Rabá 60:8).

En la repetición hay una diferencia de una letra. Donde el siervo dice «quizá la mujer no querrá venir conmigo», ulai está escrito sin vav, y se puede leer elai, «a mí». Eliézer tenía una hija, y buscaba un pretexto para que Avraham le dijera que se volviera hacia él para casarla con su hija. Avraham le contestó: mi hijo es bendito y tú eres maldito, y el maldito no se une con el bendito (Rashi sobre Bereshit 24:39, a partir de Bereshit Rabá 59:9). El siervo fiel cumple la misión contra su propio interés, y la Torá deja su deseo escrito en una letra que falta.

Una vela de víspera a víspera

Al caer la tarde, Yitzjak sale al campo. «Y salió Yitzjak a lasúaj en el campo, hacia el atardecer» (Bereshit 24:63). Rashi: lasúaj es lenguaje de oración (Rashi sobre Bereshit 24:63). El Talmud saca de aquí una de las tres oraciones del día: Yitzjak instituyó la oración de la tarde, como está dicho: «y salió Yitzjak a lasúaj en el campo hacia el atardecer», y no hay sijá sino oración (Berajot 26b). Mientras Yitzjak reza la primera minjá, Rivká alza los ojos y lo ve (Bereshit 24:64).

«Y la trajo Yitzjak a la tienda de Sará, su madre, y tomó a Rivká, y fue su mujer, y la amó; y se consoló Yitzjak después de su madre.» Bereshit 24:67

Rashi lee «a la tienda de Sará, su madre» como si dijera que Rivká se volvió como Sará su madre. Todo el tiempo que Sará vivió, había una vela encendida de víspera de Shabat a víspera de Shabat, bendición en la masa y una nube atada sobre la tienda; cuando murió, cesaron, y cuando vino Rivká, volvieron (Rashi sobre Bereshit 24:67, a partir de Bereshit Rabá 60:16).

Tres señales de una casa: la luz que dura toda la semana, el pan que alcanza y la presencia que la cubre. La primera se mide en semanas, de un viernes por la tarde al siguiente. La vela de Sará llegaba encendida a la siguiente víspera de Shabat. Esta noche, en Monterrey, las velas se encienden a las 17:38.

«Yitzjak y Yishmael, sus hijos»

Después de Sará, Avraham toma otra mujer, Keturá. Rashi: es Hagar; se llamaba Keturá porque sus obras eran hermosas como el incienso (ketóret), y porque se ató la puerta: no se unió a ningún hombre desde el día en que se separó de Avraham (Rashi sobre Bereshit 25:1). Avraham le da a Yitzjak «todo lo que tenía» (Bereshit 25:5) y muere de ciento setenta y cinco años, en buena vejez, anciano y satisfecho (Bereshit 25:7–8).

«Y lo enterraron Yitzjak y Yishmael, sus hijos» (Bereshit 25:9). El orden de los nombres es la noticia. Rashi: de aquí, que Yishmael hizo teshuvá y dejó ir a Yitzjak delante de él, y esa es la «buena vejez» que se dijo de Avraham (Rashi sobre Bereshit 25:9). El Talmud cuenta cómo se dijo esto por primera vez. Ravina y Rav Jamá bar Buzí discutían delante de Rava, y Rava dormitaba. Al oír que Yishmael tiene en la Torá la muerte de los justos, Rava despertó y dijo: niños, así dijo Rabí Yojanán: Yishmael hizo teshuvá en vida de su padre; porque si cedió el primer lugar a Yitzjak, lo hizo su guía (Bavá Batrá 16b).

La parashá empieza con Rabí Akiva despertando a un público dormido con los años de Sará, y termina con Rava despertando para hablar del hijo de Hagar. Las dos mujeres de Avraham, las dos tiendas, quedan en paz ante la misma tumba.

La posición en el Gran Ciclo · sólo aquí

Jayé Sará se lee este año el Shabat 7 de noviembre, 27 de Marjeshván de 5787, año en posición 11 de 19 del ciclo de intercalación #305 (AM 5777–5795), cuarto cuadrante, bisiesto de 385 días. La luna está menguante; el mazal del mes es ♏ Akráv. Recorrida la base completa, Jayé Sará cae sólo en cuatro fechas, todas de Marjeshván: el 22 (1.915 años, Rosh Hashaná en jueves), el 24 (690, en martes), el 25 (1.684, en lunes) o el 27 (1.715, en Shabat).

De eso depende quién bendice el mes. En 4.089 de los 6.004 años, Jayé Sará es el último Shabat antes de Rosh Jódesh Kislev, y en ella se anuncia el mes nuevo. En los otros 1.915 cae tan temprano, el 22, que todavía queda otro Shabat en Marjeshván: entonces bendice el mes Toldot, el 29, que además es siempre víspera de Rosh Jódesh. Este año la bendición es nuestra. Marjeshván tiene 30 días (el año es completo), así que Rosh Jódesh Kislev dura dos días, martes 10 y miércoles 11 de noviembre; el molad, según Hebcal, es el lunes a las 22:27 y 3 jalakim.

Y la base cuenta los días de los que entraron en días. Con la cronología tradicional —Avraham nace en AM 1948 y Sará diez años después, en 1958—, de Rosh Hashaná a Rosh Hashaná, los 127 años de Sará llegan a AM 2085 y suman 46.363 días y 1.570 lunas; los 175 de Avraham llegan a AM 2123 y suman 63.905 días y 2.164 lunas. Recorridas todas las ventanas posibles de 127 años en la base (5.878), ninguna tiene menos de 1.570 lunas ni más de 1.571, y los días van de 46.361 a 46.394: cualquier vida de 127 años, empiece donde empiece, mide casi lo mismo. Y una coincidencia del ciclo: entre la muerte de Sará y la de Avraham hay 38 años, dos ciclos exactos, y por eso los dos años caen en la misma posición, la 14 de 19, bisiestos de 383 días. Es una proyección: en tiempos de Avraham no había calendario fijo, y no conocemos los días exactos de nacimiento. Lo que se mide son años hebreos completos.

«Viejo, entrado en días»

La haftará empieza con las mismas palabras que Bereshit 24:1: «y el rey David era viejo, entrado en días; lo cubrían con ropas y no se calentaba» (Melajim I 1:1). Le buscan una joven para que lo cuide y encuentran a Avishag la shunamita (Melajim I 1:3), de la misma Shunem cuya mujer recibió a Elishá en la haftará de la semana pasada.

Pero los dos ancianos «entrados en días» no viven igual su vejez. Avraham la usa para asegurar el futuro: casa a su hijo y le da todo lo que tiene. David, en cambio, no se entera de lo que pasa en su casa. Su hijo Adoniyahu se ensalzaba diciendo: yo reinaré, con carros, jinetes y cincuenta hombres corriendo delante, y su padre nunca lo había contrariado en sus días diciendo: ¿por qué hiciste así? (Melajim I 1:5–6). El profeta Natán le dice a Bat Sheva: «¿no has oído que reina Adoniyahu, y nuestro señor David no lo sabe?», y le pide que vaya a recordarle al rey su juramento: «Shlomó, tu hijo, reinará después de mí» (Melajim I 1:11–13).

David oye y jura otra vez: «como te juré por el Eterno, Dios de Israel… así haré en este mismo día» (Melajim I 1:30). Y Bat Sheva se inclina con el rostro a tierra y dice: «viva mi señor el rey David para siempre» (Melajim I 1:31). La sucesión de David, como la de Avraham, la aseguran una mujer, un siervo leal y una promesa cumplida «hoy».

La semana próxima, Toldot, el 4 de Kislev. Rashi cuenta que cuando Avraham volvió del monte Moriá le anunciaron que había nacido Rivká: Yitzjak tenía treinta y siete años, Sará acababa de morir, y esperó tres años hasta que ella fuera apta, y se casó con ella (Rashi sobre Bereshit 25:20). Y el día en que Yaakov cocinó lentejas rojas fue el día de la muerte de Avraham: el Santo, bendito sea, le recortó cinco años, para que no viera a su nieto Esav salir al mal camino (Rashi sobre Bereshit 25:30). Los 175 años de esta semana tenían que haber sido 180.

Shabat Shalom. Que cada uno de nuestros años sea igual para bien que el anterior, que la vela de esta noche llegue encendida a la próxima víspera, y que entremos en los días en lugar de perderlos.

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Fuentes de esta entrega: Bereshit 17:17; 22:19; 23:1–4; 23:9; 23:15–16; 24:1; 24:10–14; 24:39; 24:42; 24:63–67; 25:1; 25:5–9 · Rashi sobre Bereshit 23:1, 23:2, 23:9, 23:16, 24:1, 24:14, 24:39, 24:42, 24:63, 24:67, 25:1, 25:9, 25:20 y 25:30 · Bereshit Rabá 58:3, 58:4, 59:9, 60:8 y 60:16 · Zohar, Jayé Sará 19:151–154 (Midrash HaNeelam); Zohar, Vayejí 22:177 · Talmud: Berajot 26b; Eruvín 53a; Bavá Metziá 87a; Bavá Batrá 16b; Sanhedrín 95a · Divré HaYamim I 21:22 · Melajim I 1:1–31 · Calendario: Hebcal (lectura, haftará, molad y encendido de velas en Monterrey) y gran_ciclo_hebreo.db.
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