ZOHAR LATINOAMÉRICA
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La Parashá de la Semana · Comentario de la Escuela

פָּרָשַׁת וַיֵּרָא

Vayerá: la hora señalada

20 de Marjeshván 5787 · 31 de octubre 2026 · Bereshit 18:1–22:24 · Haftará: Melajim II 4:1–37 (sefaradíes: 4:1–23)

Lej Lejá terminó con un nombre nuevo y una circuncisión «en ese mismo día» (Bereshit 17:26). Vayerá empieza tres días después, a la entrada de una tienda, en lo más caliente del día. Y es la parashá de las fechas: se pregunta cuándo, a qué hora del cielo y en qué fiesta. Este año se lee el 20 de Marjeshván, en el mes cuyo mazal es Akráv, con la luna ya menguando.

«Y se le apareció el Eterno en los encinares de Mamré, y él estaba sentado a la entrada de la tienda, en lo más caliente del día.» Bereshit 18:1

En lo más caliente del día

¿Para qué se aparece? Rashi responde: para visitar al enfermo. Rabí Jamá bar Janiná dijo: era el tercer día de su circuncisión, y el Santo, bendito sea, vino a preguntar por su bienestar (Rashi sobre Bereshit 18:1; Bavá Metziá 86b). La primera visita de la parashá es la de Dios a un hombre que convalece.

Rashi lee cada palabra del versículo. Yoshev, «sentado», está escrito sin vav, como «se sentó»: Avraham quiso levantarse, y el Santo, bendito sea, le dijo: siéntate, y Yo me quedaré de pie. Y eso fue señal para tus hijos: Dios estará de pie en la asamblea de los jueces mientras ellos están sentados (Rashi sobre Bereshit 18:1; Tehilim 82:1). Estaba a la entrada de la tienda para ver si pasaba alguien y hacerlo entrar en su casa. Y en lo más caliente del día quiere decir que el Santo, bendito sea, sacó al sol de su estuche, para que ningún caminante le diera la molestia de recibirlo. Pero como vio que sufría porque no llegaban huéspedes, le trajo a los ángeles en forma de hombres (Rashi sobre Bereshit 18:1; Bavá Metziá 86b).

El cielo se ajusta para proteger a Avraham, y él no quiere esa protección. Dios saca el sol para que nadie lo moleste, y lo que le duele a Avraham es que nadie llegue. Al final el cielo cede ante el carácter del hombre.

Tres hombres, tres misiones

«Alzó los ojos y vio, y he aquí tres hombres de pie frente a él» (Bereshit 18:2). ¿Por qué tres? Uno para anunciar a Sará, uno para trastornar a Sedom y uno para curar a Avraham, porque un ángel no cumple dos misiones. Y Rashi lo prueba con la gramática: mientras comen, el texto habla en plural; para el anuncio dice «y dijo: volveré»; para Sedom, «no puedo hacer nada». El que curó a Avraham, Rafael, fue después a salvar a Lot (Rashi sobre Bereshit 18:2, a partir de Bereshit Rabá 50:2).

Y el doble «vio» del versículo no es repetición: la primera vez es ver con los ojos, la segunda es entender. Avraham miró que estaban de pie en un solo lugar y entendió que no querían molestarlo, y por eso fue él quien corrió hacia ellos (Rashi sobre Bereshit 18:2).

«Los brotes aparecieron en la tierra»

El Zohar abre Vayerá con un versículo de primavera: «los brotes aparecieron en la tierra, el tiempo del zamir ha llegado, y la voz de la tórtola se oye en nuestra tierra» (Shir HaShirim 2:12). Rabí Jiyá enseña que cuando el Santo, bendito sea, creó el mundo, puso en la tierra toda la fuerza que le correspondía, pero la tierra no dio fruto hasta que fue creado el hombre. Cuando el hombre pecó, esas fuerzas se retiraron. Nóaj trajo herramientas al mundo, pero después se embriagó, el mundo volvió a pecar y las fuerzas se fueron como antes, y así se quedaron hasta que vino Avraham (Zohar, Vayerá 1:1–5).

En cuanto vino Avraham, en seguida los brotes aparecieron en la tierra. El tiempo del zamir ha llegado: en la hora en que el Santo, bendito sea, le dijo que se circuncidara. Cuando el pacto quedó en Avraham, el mundo se sostuvo y la palabra de Dios se reveló en él: eso es lo que está escrito, «y se le apareció el Eterno» (Zohar, Vayerá 1:6).

El Zohar lee la misma palabra dos veces. Unas líneas antes, zamir era el canto, las alabanzas para cantar ante el Santo, bendito sea (Zohar, Vayerá 1:3). Aquí, zamir es la hora del pacto. En hebreo la palabra también quiere decir la poda de la vid (Vayikrá 25:4), y algunas traducciones al inglés ponen esa lectura en boca del Zohar. El arameo no la dice: esa tercera lectura es nuestra.

Las semanas pasadas

Lej Lejá terminó con un nombre que cambia el mazal: «Avram no tiene hijo, Avraham tiene hijo». Esta semana se dice cuándo nacerá ese hijo, y ni Avraham ni Sará pueden contener la risa. Leer el comentario de Lej Lejá →

«¿Hay algo demasiado maravilloso para el Eterno?»

«¿Hay algo demasiado maravilloso para el Eterno? A la hora señalada volveré a ti, en este tiempo, el año que viene, y Sará tendrá un hijo.» Bereshit 18:14

Sará escucha a la entrada de la tienda y se ríe por dentro: «después de haberme gastado, ¿tendré placer? Y mi señor es viejo» (Bereshit 18:12). El versículo siguiente no contesta con un argumento. Contesta con una fecha: la-moed, «a la hora señalada».

¿Qué hora? Rashi lee la vocal. Dice ka-et, «en este tiempo», y no ke-et, «en un tiempo»: en este tiempo del año que viene; y era Pésaj, y para el Pésaj siguiente nació Yitzjak (Rashi sobre Bereshit 18:10). La misma noche, en casa de Lot, los ángeles comen matzot: era Pésaj (Rashi sobre Bereshit 19:3). Para Rashi, el anuncio y el nacimiento caen en la misma fiesta, con un año exacto de diferencia.

El Talmud hace otra cuenta. Rabí Yehoshúa enseña que en Pésaj nació Yitzjak y que en Rosh Hashaná fueron recordadas Sará, Rajel y Janá. Y la Guemará busca en qué fiesta estaba el ángel cuando dijo «a la hora señalada volveré». ¿Habló en Pésaj y anunció Shavuot? ¿En cincuenta días va a dar a luz? ¿Habló en Shavuot y anunció Tishrei? ¿En cinco meses? Entonces habló en Sukot y anunció Nisán. ¿Y en seis meses va a dar a luz? La respuesta es de calendario: se enseñó: ese año fue bisiesto, con un Adar de más, y una mujer puede dar a luz a los siete meses (Rosh Hashaná 11a).

Rashi y el Talmud llegan al mismo Pésaj por caminos distintos. Para uno, la promesa tardó un año. Para el otro, siete meses, y uno de ellos fue el mes que el tribunal añade para que la luna no se separe de las estaciones. La hora señalada depende de cómo se cuenta el año.

«No le mientas a tu sierva»

Rashi oye en la frase del ángel otra voz: la de la haftará de esta semana. El profeta Elishá le dice a la mujer de Shunem, que no tenía hijo y cuyo marido era viejo: «para esta hora señalada, en este tiempo, abrazarás un hijo». Y ella responde: «no, señor mío, hombre de Dios, no le mientas a tu sierva» (Melajim II 4:14–16). Rashi pone en boca de ella el argumento completo: los ángeles que anunciaron a Sará dijeron «a la hora señalada volveré». Y Elishá le contesta: aquellos ángeles, que viven y permanecen para siempre, dijeron «volveré»; pero yo soy carne y sangre, que hoy vive y mañana muere: vivo o muerto, para esta hora señalada (Rashi sobre Bereshit 18:10, a partir de Bereshit Rabá 53:2). Y así fue: concibió la mujer y dio a luz un hijo para esa hora señalada, en ese tiempo (Melajim II 4:17).

El sol y la luna sobre Sedom

Entre el anuncio y el nacimiento está Sedom. Avraham regatea con Dios por una ciudad que no es suya, de cincuenta justos a diez, con una sola pregunta: «¿el Juez de toda la tierra no hará justicia?» (Bereshit 18:23–32). Y la ciudad cae al amanecer: «el sol salió sobre la tierra y Lot llegó a Tzóar, y el Eterno hizo llover sobre Sedom y sobre Amorá azufre y fuego» (Bereshit 19:23–24).

El Midrash explica la hora. Porque de los de Sedom, unos adoraban al sol y otros adoraban a la luna, el Santo, bendito sea, dijo: si los castigo de día, dirán: si la luna hubiera estado, nos habría salvado; si los castigo de noche, dirán: si el sol hubiera estado, nos habría salvado. Por eso se vengó de ellos el dieciséis de Nisán, a la hora en que el sol y la luna están juntos en el firmamento: «el sol salió sobre la tierra» (Bereshit Rabá 50:12).

La fecha no es arbitraria. El 16 de Nisán la luna acaba de pasar la llena: cuando el sol sale por el oriente, ella todavía no se ha puesto por el occidente. En los 6.004 años de nuestra base, el 16 de Nisán tiene siempre la misma fase, gibosa menguante: el Midrash eligió el único momento del mes en que ningún adorador del sol o de la luna podía decir que su astro estaba ausente. Y el Talmud enseña que esa diferencia también separa los calendarios: Israel cuenta por la luna, y las naciones por el sol (Sukká 29a). Sedom cae en la hora en que los dos cómputos se ven en el mismo cielo.

Vete a la tierra de Moriá

«Toma, por favor, a tu hijo, a tu único, al que amas, a Yitzjak, y vete a la tierra de Moriá, y súbelo allí en ofrenda sobre uno de los montes que te diré.» Bereshit 22:2

La semana pasada, la primera orden a Avraham fue lej lejá: vete de tu tierra (Bereshit 12:1). Aquí vuelve la misma expresión, ve-lej lejá: vete a la tierra de Moriá (Bereshit 22:2). La primera le pedía dejar a su padre. La segunda le pide entregar a su hijo.

«Al tercer día alzó Avraham los ojos y vio el lugar de lejos» (Bereshit 22:4). ¿Por qué tres días, si podía mostrárselo en seguida? Para que no dijeran: lo aturdió y lo confundió de repente y le trastornó la mente; si hubiera tenido tiempo de pensarlo en su corazón, no lo habría hecho (Rashi sobre Bereshit 22:4). Y lo que vio fue una nube atada sobre el monte (Rashi, ibíd., a partir de Bereshit Rabá 56:1).

En el camino, el único diálogo: «padre mío» — «aquí estoy, hijo mío» — «aquí está el fuego y la leña, ¿y dónde está el cordero para la ofrenda?» — «Dios verá para Sí el cordero, hijo mío». Y fueron los dos juntos (Bereshit 22:7–8). Al final, un carnero trabado en el matorral por sus cuernos sube en lugar del hijo, y Avraham llama al lugar Adonai yiré, «el Eterno verá» (Bereshit 22:13–14). La parashá que empezó con Dios viendo a Avraham —vayerá, «se le apareció»— termina con Avraham diciendo que Dios verá.

El cuerno del carnero

Ese carnero se oye cada año. Rabí Abahu dijo: ¿por qué se toca con un shofar de carnero? Dijo el Santo, bendito sea: toquen delante de Mí con un shofar de carnero, para que recuerde para ustedes la atadura de Yitzjak hijo de Avraham, y se lo cuento a ustedes como si se hubieran atado ustedes mismos delante de Mí (Rosh Hashaná 16a).

Y las dos mitades de esta parashá son las lecturas de Rosh Hashaná. Hoy, que hay dos días, enseña la Guemará, el primero se lee «y el Eterno recordó a Sará» —Bereshit 21, el nacimiento de Yitzjak— y el segundo, «y Dios probó a Avraham», la atadura (Meguilá 31a). El niño que Sará concibió en Rosh Hashaná, según Rabí Yehoshúa, se lee en Rosh Hashaná. Y el carnero que subió en su lugar se lee en el día siguiente.

Pero cuando Rosh Hashaná cae en Shabat, el shofar no se toca. La Mishná dice que en el Templo tocaban, pero no en el resto del país, y que después de la destrucción Rabán Yojanán ben Zakai instituyó que se tocara donde hubiera tribunal (Rosh Hashaná 4:1); hoy, en Shabat no se toca en ninguna parte. Así fue este año: el 1 de Tishrei de 5787 fue Shabat, el 12 de septiembre. El día de Sará no hubo shofar. Sonó sólo el domingo, el día en que se leyó la atadura de Yitzjak y el carnero.

La posición en el Gran Ciclo · sólo aquí

Vayerá se lee este año el Shabat 31 de octubre, 20 de Marjeshván de 5787, año en posición 11 de 19 del ciclo de intercalación #305 (AM 5777–5795), cuarto cuadrante, bisiesto de 385 días. La luna está gibosa menguante; el mazal de todo el mes es ♏ Akráv. Recorrida la base completa, Vayerá cae siempre en el tercer Shabat de Marjeshván, y sólo en cuatro fechas: el 15 (1.915 años, Rosh Hashaná en jueves), el 17 (690, en martes), el 18 (1.684, en lunes) o el 20 (1.715, en Shabat).

Y la base cuenta qué día de Rosh Hashaná se queda sin shofar. El primer día, el de Sará, cae en Shabat en 1.715 de los 6.004 años. El segundo día, el de la atadura de Yitzjak, no cae en Shabat ni una sola vez: cae en viernes (1.915 años), domingo (1.715), martes (1.684) o miércoles (690). La regla que impide que Rosh Hashaná empiece en domingo, miércoles o viernes deja al segundo día siempre fuera del Shabat. Así, en el calendario fijo, el día del carnero tiene siempre su cuerno. En 1.715 años, el shofar suena sólo ese día: pasó en 5784, pasó este año y vuelve el año próximo, en 5788; después, en 5791 y 5794.

Y otra vez la proyección no coincide con la tradición, y lo decimos. Con la cronología tradicional —Avraham nace en AM 1948 y Yitzjak, cuando su padre tiene cien años, en 2048—, el calendario fijo proyectado pone de Sukot al Pésaj de ese año 178 días: seis meses. AM 2048 sale común (355 días, posición 15 del ciclo #108). El año bisiesto que pide la Guemará existe, pero es el anterior, AM 2047 (384 días, con Adar II): en él, de Sukot a Pésaj hay 207 días, siete meses. Para la cuenta de Rashi, de Pésaj a Pésaj, la proyección da 355 días. No hay que tapar la diferencia: en tiempos de Avraham los años no se intercalaban por una regla fija, y la propia Guemará dice ese año, como quien recuerda una decisión, no un cálculo.

«Ni Rosh Jódesh ni Shabat»

La haftará sigue a la mujer de Shunem después de la promesa cumplida. El niño crece, sale al campo con su padre en la siega, grita «¡mi cabeza, mi cabeza!», se sienta en las rodillas de su madre hasta el mediodía y muere (Melajim II 4:18–20). Ella lo acuesta en la cama del profeta, cierra la puerta y pide un asna para ir a buscarlo. Y el marido le pregunta: «¿por qué vas a él hoy? No es Rosh Jódesh ni Shabat». Ella sólo responde: «shalom» (Melajim II 4:21–23).

Para el marido, ir al profeta era cosa del calendario. Para ella no hay día señalado que espere. Aquí termina la haftará de las comunidades sefaradíes: la mujer en camino, con una sola palabra. Las comunidades ashkenazíes y Jabad siguen leyendo hasta el final: Elishá entra, cierra la puerta, ora, se tiende sobre el niño, boca sobre boca, ojos sobre ojos, palmas sobre palmas, y la carne del niño se calienta; el niño estornudó siete veces y abrió los ojos. «Toma a tu hijo» (Melajim II 4:32–36).

El hijo prometido «a la hora señalada» casi se pierde dos veces esta semana: uno en el monte Moriá, otro en la cama del profeta. Y los dos vuelven.

La semana próxima, Jayé Sará, empieza con la muerte de Sará. Rashi explica por qué la Torá la pone justo después de la atadura: porque por la noticia de la atadura, que su hijo había sido preparado para el sacrificio y casi fue sacrificado, su alma voló de ella y murió (Rashi sobre Bereshit 23:2). La risa de Sará está en esta parashá; su muerte, en el primer versículo de la siguiente.

Shabat Shalom. Que sepamos esperar la hora señalada sin dejar de correr hacia quien llega, y que el carnero se oiga siempre a tiempo.

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Fuentes de esta entrega: Bereshit 12:1; 17:26; 18:1–2; 18:10–14; 18:23–32; 19:23–24; 21:1–2; 22:1–2; 22:4; 22:7–8; 22:13–14 · Vayikrá 25:4 · Rashi sobre Bereshit 18:1, 18:2, 18:10, 19:3, 22:4 y 23:2 · Bereshit Rabá 50:2, 50:12, 53:2 y 56:1 · Zohar, Vayerá 1:1–6 · Talmud: Bavá Metziá 86b; Rosh Hashaná 11a y 16a; Meguilá 31a; Sukká 29a · Mishná Rosh Hashaná 4:1 · Shir HaShirim 2:12 · Tehilim 82:1 · Melajim II 4:8–37 · Calendario: Hebcal (lectura y haftará) y gran_ciclo_hebreo.db.
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