ZOHAR LATINOAMÉRICA
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La Parashá de la Semana · Comentario de la Escuela

פָּרָשַׁת הַאֲזִינוּ

Haazinu: si está vacío, es de ustedes

8 de Tishrei 5787 · 19 de septiembre 2026 · Shabat Shuvá · Devarim 32:1–52 · Haftará: Hoshea 14:2–10 y Yoel 2:15–27

La semana pasada Moshé recibió una orden extraña para un hombre que se estaba despidiendo: no dejar un reglamento, ni un sucesor con poderes especiales, sino un canto. «Escríbanse este canto y enséñenlo a los hijos de Israel… porque no será olvidado de la boca de su descendencia» (Devarim 31:19 y 31:21). Esta semana el canto llega. Son cincuenta y dos versículos, y se leen en el Shabat que queda entre Rosh Hashaná y Yom Kipur, en medio de los diez días del juicio.

«Presten oído, cielos, y hablaré; y oiga la tierra los dichos de mi boca. Descienda como la lluvia mi enseñanza, destile como el rocío mi palabra, como llovizna sobre la hierba tierna y como gotas sobre el pasto.» Devarim 32:1–2

La primera pregunta es obvia y Rashi la hace: ¿por qué llamar al cielo y a la tierra? Porque Moshé hizo una cuenta sobre sí mismo:

«Pensó Moshé: yo soy carne y sangre; mañana muero. Si un día dijeran los hijos de Israel “nunca aceptamos el pacto”, ¿quién vendrá a desmentirlos? Por eso les puso por testigos al cielo y a la tierra — testigos que permanecen para siempre.» Rashi sobre Devarim 32:1, a partir del Sifrei Devarim 306

Es la misma lógica de la semana pasada, llevada al extremo. Allí el remedio contra el olvido era un texto memorizado; aquí se le buscan al texto testigos que no se mueran. Y Rashi añade que no son testigos de cargo solamente: si Israel obra bien, esos mismos testigos pagan la recompensa —la vid da su fruto, la tierra su cosecha, el cielo su rocío—, y si obra mal, «la mano de los testigos es la primera», y el cielo se cierra (Rashi sobre 32:1, citando Devarim 11:17). El testigo del juicio es también el que riega el campo.

Presten oído: quién está cerca de qué

El Sifrei se detiene en los dos verbos. Moshé le dice al cielo haazinu —«acerquen el oído», el verbo de lo cercano— y a la tierra tishmá, «oiga», el verbo de lo que está a distancia. Porque Moshé estaba cerca del cielo y lejos de la tierra. Y cuando vino Yeshayahu hizo lo contrario —«oigan, cielos, y presten oído, tierra» (Yeshayahu 1:2)— porque él estaba lejos del cielo y cerca de la tierra (Sifrei Devarim 306).

El Zohar recoge la misma observación y le cambia el punto de referencia. Ya no se trata del cielo, sino del Rey:

«Dijo Rabí Jiyá: dichosa la parte de Moshé, más que la de todos los profetas del mundo. Ven y ve: está escrito “oigan, cielos, y presten oído, tierra, porque el Eterno ha hablado”. De Yeshayahu, que estaba más lejos del Rey, está escrito “oigan, cielos”; de Moshé, que estaba más cerca del Rey, está escrito “presten oído, cielos”.» Zohar, Haazinu (sobre Devarim 32:1)

La gramática del verbo mide la distancia del que habla. Es una idea útil para esta semana precisamente: la teshuvá, antes que un contenido, es un cambio de verbo — dejar de oír a alguien desde lejos y empezar a acercarle el oído.

«Yo dormía, y mi corazón velaba»

Pero el Zohar abre la parashá por otro lado, y lo que elige es un versículo de amor. Rabí Yehudá empieza con el Cantar de los Cantares: «le abrí yo a mi amado, y mi amado se había ido, había pasado; lo busqué y no lo hallé, lo llamé y no me respondió» (Shir HaShirim 5:6). Y va a buscar lo que está escrito un poco antes:

«“Yo dormía, y mi corazón velaba” — lo dice la Comunidad de Israel. Yo dormía para los preceptos de la Torá, en el tiempo en que andaba por el desierto; y mi corazón velaba por entrar a la tierra, para cumplirlos allí, porque todos los preceptos de la Torá se hallan en la tierra. “La voz de mi amado que llama a la puerta”: éste es Moshé, que reprendió a Israel con tantas reprensiones, con tantas disputas.» Zohar, Haazinu (sobre Devarim 32:1 y Shir HaShirim 5:2)

Y la escena termina mal, como en el Cantar: cuando Israel se levanta por fin a abrir, el que llamaba ya no está. «Mi amado se había ido»: y murió allí Moshé, siervo del Eterno. «Lo busqué y no lo hallé»: y no se levantó más profeta en Israel como Moshé (Zohar, Haazinu, citando Devarim 34:5 y 34:10). La reprensión fue la llamada a la puerta, y se entendió tarde.

El Rambam, por su propio camino, pone esa misma imagen —el que duerme y tiene que despertar— en la boca del shofar que acabamos de oír:

«Aunque el toque del shofar en Rosh Hashaná es un decreto de la Escritura, hay en él una alusión, como si dijera: despierten, dormidos, de su sueño; y los que dormitan, levántense de su sopor. Examinen sus actos y vuelvan en teshuvá, y recuerden a su Creador — ustedes, los que olvidan la verdad en las vanidades del tiempo.» Rambam, Mishné Torá, Hiljot Teshuvá 3:4

Este año el shofar sólo sonó el segundo día, porque el primero cayó en Shabat (Mishná, Rosh Hashaná 4:1; Shulján Aruj, Oraj Jaim 588:5). La voz que llama a la puerta ya se oyó. Lo que queda de la semana es lo que el Cantar describe: el tiempo entre oír y levantarse a abrir.

Las semanas pasadas

Nitzavim-Vayeilej cerró el año 5786 con la orden de escribir este canto «porque no será olvidado de la boca de su descendencia», y con el Zohar diciendo que al irse Moshé «se recogió el cuerpo del sol y salió el cuerpo de la luna». Haazinu es ese canto, y es el día en que el sol se recoge. Leer el comentario de Nitzavim-Vayeilej →

Como lluvia, como rocío

El segundo versículo compara la enseñanza con dos aguas distintas, y Rashi explica por qué no basta con una. La Torá es vida para el mundo como la lluvia es vida para el mundo; pero la lluvia molesta a algunos —al que va de camino, o al que tiene la cisterna del lagar llena de vino—, y por eso el versículo añade el rocío, del que todo el mundo se alegra (Rashi sobre Devarim 32:2, a partir del Sifrei Devarim 306).

El Sifrei saca de ahí una regla de pedagogía que vale para cualquiera que enseñe: Rabí Nejemiá decía que las palabras de la Torá hay que guardarlas en principios generales, pero repartirlas gota a gota, como el rocío, y no de golpe, como aguacero (Sifrei Devarim 306). Quien enseña con lluvia moja a todos y le echa a perder el vino a alguno; quien enseña con rocío llega a todos sin estropear a nadie.

Guárdese la imagen, porque la haftará de este Shabat la devuelve dicha por Dios mismo.

La Roca, cuya obra es perfecta

«La Roca: perfecta es su obra, porque todos sus caminos son juicio; Dios de fidelidad y sin injusticia, justo y recto es Él.» Devarim 32:4

Rashi desarma el versículo palabra por palabra, y cada palabra contesta a una queja distinta contra el juicio. La Roca: aunque es fuerte, cuando castiga no lo hace con un torrente de ira sino con juicio medido, porque perfecta es su obra. Dios de fidelidad: paga a los justos, y aunque demore la paga, al final cumple. Sin injusticia: incluso a los malvados les paga el bien que hicieron. Y justo y recto es Él: todos reconocen que su juicio es justo — y es recto que lo reconozcan (Rashi sobre Devarim 32:4; lo de los malvados, a partir del Sifrei Devarim 307).

Es el versículo de esta semana en sentido estricto, porque la Guemará describe estos días como una balanza que todavía no se ha detenido:

«Tres libros se abren en Rosh Hashaná: uno de los completamente malvados, uno de los completamente justos, y uno de los intermedios. Los completamente justos se inscriben y se sellan en el acto para la vida; los completamente malvados se inscriben y se sellan en el acto para la muerte; y los intermedios quedan suspendidos, de pie, desde Rosh Hashaná hasta Yom Kipur: si merecen, se inscriben para la vida; si no merecen, se inscriben para la muerte.» Talmud, Rosh Hashaná 16b

El Rambam, en el mismo párrafo del shofar, convierte esa suspensión en una instrucción personal: que cada uno se vea todo el año como si sus méritos y sus faltas estuvieran exactamente equilibrados, y el mundo entero también — de modo que una sola mitzvá inclina su platillo y el del mundo entero hacia el mérito (Hiljot Teshuvá 3:4). Y la Guemará fija cuándo está Dios más cerca del individuo para oírlo: «buscad al Eterno mientras se deja hallar, llamadlo mientras está cerca» (Yeshayahu 55:6) — éstos son los diez días entre Rosh Hashaná y Yom Kipur (Rosh Hashaná 18a).

«Pregunta a tu padre»: los años de generación en generación

«Recuerda los días del mundo, entiendan los años de generación y generación; pregunta a tu padre y te lo contará, a tus ancianos y te lo dirán.» Devarim 32:7

Rashi da dos lecturas. La primera mira atrás: recuerda lo que hizo con las generaciones que lo enojaron, la de Enosh y la del diluvio. La segunda es la que interesa aquí: si no pusieron el corazón en lo pasado, pongan atención al menos en los años de generación y generación, para saber lo que puede venir (Rashi sobre Devarim 32:7, a partir del Sifrei Devarim 310). El versículo pide mirar el tiempo como una serie — años que se suceden por generaciones — para leer en ella lo que viene.

Y el Sifrei, sobre el primer versículo del canto, dice algo que para este sitio no es un comentario más. ¿Por qué llama Moshé precisamente al cielo? Porque Israel todavía no había cumplido todos los mandamientos que le fueron dados desde el cielo. ¿Y cuáles son? El cálculo de los años bisiestos y la fijación de los meses, como está dicho de los astros: «y serán por señales para las fiestas, para los días y los años» (Bereshit 1:14) (Sifrei Devarim 306). El calendario hebreo aparece así como la mitzvá que el cielo custodia y sobre la que el cielo da testimonio.

La Guemará completa el cuadro. Rabí Zeirá enseña que el primero de Tishrei es año nuevo para los ciclos del sol y de la luna, conforme a Rabí Eliezer, que dice que el mundo fue creado en Tishrei (Rosh Hashaná 8a). Y una baraita añade que el tribunal de arriba no se sienta a juzgar hasta que el tribunal de abajo ha santificado el mes (Rosh Hashaná 8b). El juicio del cielo espera a que la tierra haya hecho la cuenta.

La posición en el Gran Ciclo · sólo aquí

Haazinu se lee el 8 de Tishrei de 5787, primer Shabat del año nuevo, año en posición 11 de 19 del ciclo de intercalación #305 (AM 5777–5795) — cuarto cuadrante. Y 5787 no es un año cualquiera: es bisiesto, de trece meses y 385 días, la duración máxima que alcanza un año hebreo — en los 6.004 años de la base no hay ninguno más largo. Su forma completa es rara: empieza en Shabat, tiene 385 días, y su Pésaj cae en jueves 22 de abril de 2027. De los 6.004 años de la base, sólo 283 tienen exactamente esa forma. El último fue AM 5763 (2002–2003) y el próximo será AM 5814 (2053–2054). Es decir: el calendario que el Sifrei llama «mandamiento dado desde el cielo» —el cálculo del bisiesto— arranca este año con su configuración más extensa, y lo hace en el Shabat en que Moshé llama al cielo como testigo. El mazal del mes, contado como cuenta Israel —de Rosh Jódesh a Rosh Jódesh, no por el corte solar de las Naciones—, es ♎ Moznáim, la balanza, el mes en que los intermedios están suspendidos en el platillo. Y la luna, que en Rosh Hashaná estaba oculta, llega a este Shabat gibosa creciente: sube hacia la luna llena del 15 de Tishrei, primer día de Sukot, que este año también cae en Shabat, 26 de septiembre. Se entró al juicio a oscuras; se sale de él con la luna llenándose. El ayuno de Guedaliá cae este año en su día, sin desplazarse (lunes 3 de Tishrei, 14 de septiembre), y Yom Kipur cae en lunes 21 de septiembre.

El águila que despierta a sus crías

«Como el águila que despierta su nido, que revolotea sobre sus polluelos: extiende sus alas, los toma, los lleva sobre su plumaje.» Devarim 32:11

Rashi lee en el águila un modo de despertar que es lo contrario del sobresalto. El águila no entra de golpe al nido: primero bate las alas por encima, pasando de árbol en árbol y de rama en rama, para que sus crías despierten y tengan fuerza para recibirla. Revolotea sobre ellas sin aplastarlas — «tocando y no tocando». Y cuando las tiene que llevar de un sitio a otro no las agarra con las garras, como las demás aves, sino que las pone sobre sus alas, porque vuela por encima de todas y sólo teme a la flecha: mejor que la flecha me atraviese a mí y no a mis hijos (Rashi sobre Devarim 32:11, a partir del Sifrei Devarim 314).

Póngase al lado del shofar del Rambam. El shofar dice «despierten, dormidos». El águila explica cómo despierta Dios a los que duermen: con ruido de alas por encima, dándoles tiempo de juntar fuerzas, y poniéndose Él entre ellos y la flecha.

«Y engordó Yeshurún, y dio coces»

Después del águila el canto cuenta lo que hicieron los polluelos cuando llegaron: miel de la peña, aceite del pedernal, la grasa de los corderos y lo mejor del trigo (Devarim 32:13–14). Y en seguida:

«Y engordó Yeshurún, y dio coces — engordaste, te pusiste grueso, te cubriste de grasa — y abandonó al Dios que lo hizo, y despreció a la Roca de su salvación.» Devarim 32:15

Es la misma causa que Ki Tavó dio para el exilio hace tres semanas: «por cuanto no serviste al Eterno tu Dios con alegría, de tanto tenerlo todo» (Devarim 28:47). El canto lo dice sin la palabra «alegría» y con una imagen física: el problema no es la escasez sino la saciedad. Y un poco después pone el peso donde corresponde: «a la Roca que te engendró la olvidaste, y olvidaste al Dios que te dio a luz» (Devarim 32:18). No se enoja con el hambre: se queja del olvido.

«Si está vacío, es de ustedes»

Cuando termina el canto, Moshé añade dos versículos en prosa que son, en rigor, su última enseñanza antes de subir al monte:

«Pongan su corazón a todas las palabras con que yo les advierto hoy, que ordenarán a sus hijos para que cuiden de hacer todas las palabras de esta Torá. Porque no es cosa vacía para ustedes, sino que es su vida; y por esta cosa prolongarán sus días sobre la tierra.» Devarim 32:46–47

La frase hebrea es ki lo davar rek hu mikem, y se puede leer de dos maneras. La lectura llana: «no es cosa vacía para ustedes». La lectura del Talmud de Jerusalén separa la última palabra y convierte el versículo en un diagnóstico:

«Como dijo Rabí Maná: “porque no es cosa vacía — de ustedes”. Y si está vacía, es de ustedes. ¿Por qué? Porque no se esfuerzan en ella. “Porque es su vida”: ¿cuándo es su vida? En la hora en que se esfuerzan en ella.» Talmud de Jerusalén, Peá 1:1

La consecuencia es incómoda y conviene no suavizarla. Cuando un texto de la Torá parece vacío —una genealogía, una lista, un versículo repetido—, el vacío no dice nada del texto: dice algo del lector. Rashi da el ejemplo más árido que encuentra. ¿Para qué escribió la Torá que «la hermana de Lotán era Timná» (Bereshit 36:22) y que «Timná fue concubina de Elifaz, hijo de Esav» (Bereshit 36:12)? Porque Timná, hermana de Lotán —de la casa de los jefes de Seír (Bereshit 36:20–22)—, dijo: si no soy digna de ser su esposa, que sea su concubina — y eso enseña cuánto se estimaba a la casa de Abraham, que había reyes y señores deseosos de unirse a ella (Rashi sobre Devarim 32:47, a partir del Sifrei Devarim 336). Una línea perdida en la genealogía de Esav contiene una historia entera, para quien se esfuerza.

Y el mismo Rabí Maná, en el mismo capítulo del Yerushalmi, lee el versículo como un índice de lo esencial: «no es cosa vacía» es el estudio de la Torá; «porque es su vida», honrar al padre y a la madre; «y por esta cosa prolongarán sus días», los actos de bondad; «sobre la tierra», traer la paz entre una persona y su prójimo (Talmud de Jerusalén, Peá 1:1). Cuatro cosas, y la última se juega entre personas. A dos días de Yom Kipur, el último término de la lista no es ornamental.

«En pleno mediodía»

«Y habló el Eterno a Moshé en ese mismo día, diciendo: sube a este monte de Avarim, al monte Nevó… y mira la tierra de Canaán… y muere en el monte al que subes.» Devarim 32:48–50

Rashi observa que la expresión be'étzem hayom hazé, «en ese mismo día», aparece en tres lugares, y en los tres significa lo mismo: a plena luz del día. Con Nóaj, porque su generación juró que no lo dejaría entrar al arca; con la salida de Egipto, porque los egipcios juraron que no los dejarían salir; y aquí, porque Israel dijo: al hombre que nos sacó de Egipto, que nos partió el mar, que nos bajó el maná, que nos dio la Torá — no lo dejaremos ir. Y dijo el Santo, bendito sea: lo hago entrar a su descanso en pleno mediodía, y el que pueda impedirlo, que venga a impedirlo (Rashi sobre Devarim 32:48, a partir del Sifrei Devarim 337).

Y en el último versículo, cuando Dios le dice «de enfrente verás la tierra, y allá no entrarás» (32:52), Rashi pone en boca de Dios la delicadeza que el versículo calla: sé que te es querida; por eso te digo: sube y mírala (Rashi sobre Devarim 32:52).

Hay un detalle más, escondido en el versículo 44: «vino Moshé y dijo todas las palabras de este canto a oídos del pueblo, él y Hoshea hijo de Nun». No Yehoshúa: Hoshea, el nombre de antes. Rashi explica que era «el Shabat de las dos parejas» —la autoridad pasaba de uno al otro— y que la Torá lo llama por su nombre viejo para indicar que no se ensoberbeció: aunque recibía la grandeza, se mantuvo tan humilde como al principio (Rashi sobre Devarim 32:44, a partir de Sotá 13b y del Sifrei Devarim 334). El sol se recoge a mediodía; la luna que sale se presenta con su nombre pequeño.

El Zohar guarda en esta misma sección otra despedida. La Idrá Zutá, que en las ediciones impresas del Zohar está en la parashá Haazinu, empieza así: «Se enseñó: aquel día en que Rabí Shimón quiso partir del mundo, y estaba ordenando sus palabras, se reunieron los compañeros en la casa de Rabí Shimón… y la casa estaba llena. Alzó sus ojos Rabí Shimón y vio que la casa se había llenado. Lloró Rabí Shimón.» Y poco después: «se levantó Rabí Shimón y se sentó, y rió y se alegró» (Zohar, Idrá Zutá). Las dos grandes despedidas de la tradición —la del que dio la Torá y la del que abrió su secreto— se leen en la misma parashá. Y en las dos hay una multitud alrededor del que se va, y el que se va sigue enseñando hasta el final.

Shuvá Israel

Este Shabat se llama Shabat Shuvá por la primera palabra de su haftará:

«Vuelve, Israel, hasta el Eterno tu Dios, porque tropezaste en tu iniquidad. Tomen consigo palabras y vuelvan al Eterno.» Hoshea 14:2–3

La Guemará lee cada palabra. Hasta el Eterno: dijo Rabí Leví, grande es la teshuvá, que llega hasta el Trono de Gloria (Yomá 86a). Tropezaste en tu iniquidad: dijo Reish Lakish, grande es la teshuvá, que las faltas deliberadas se le cuentan al que vuelve como si hubieran sido errores — la iniquidad es deliberada, y el profeta la llama tropiezo. Y la Guemará distingue: eso vale para quien vuelve por temor; para quien vuelve por amor, las faltas deliberadas se le cuentan como méritos (Yomá 86b). Y «tomen consigo palabras»: el Sifrei dice que son palabras de Torá (Sifrei Devarim 306). No se pide traer ofrendas. Se pide traer palabras.

Dos versículos más abajo, Dios contesta con la imagen que abrió el canto de Moshé:

«Sanaré su rebeldía, los amaré de pura gracia, porque mi ira se apartó de él. Seré como el rocío para Israel: florecerá como el lirio y echará raíces como el Líbano.» Hoshea 14:5–6

Moshé pidió que su enseñanza bajara «como el rocío», el agua de la que todos se alegran. El profeta responde, en el Shabat de la teshuvá, que el rocío es Dios mismo. Y Rabí Meír se detiene en una letra del versículo anterior: no dice «mi ira se apartó de ellos», sino «de él». De ahí aprende que por un solo individuo que vuelve, se perdona al mundo entero (Yomá 86b). Es la balanza del Rambam, dicha por Rabí Meír: una sola persona inclina el platillo de todos.

La haftará continúa, en la costumbre ashkenazí, con Yoel: «toquen el shofar en Tzión, santifiquen un ayuno, convoquen asamblea; reúnan al pueblo… junten a los ancianos, reúnan a los niños y a los que maman; salga el novio de su cámara y la novia de su dosel» (Yoel 2:15–16). Es la misma convocatoria total de Hakhel que leímos la semana pasada, ahora con los niños de pecho incluidos. En la costumbre sefaradí, tras Hoshea se leen los tres últimos versículos de Mijá: «¿quién es Dios como Tú, que perdona la iniquidad… y arrojarás a lo profundo del mar todos sus pecados?» (Mijá 7:18–19).

Queda una semana de balanza, y el canto dice cómo atravesarla sin grandilocuencia. Acercar el oído en vez de oír de lejos. Levantarse a abrir antes de que el que llama se haya ido. Enseñar como rocío y no como aguacero. Y, sobre todo, dejar de culpar al texto por su vacío: si parece vacío, es nuestro — y se llena en la hora en que uno se esfuerza en él.

Shabat Shalom, y gmar jatimá tová. Que esta semana alguien incline el platillo — y que sea usted.

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Fuentes de esta entrega: Devarim 32:1–2; 32:4; 32:7; 32:11; 32:13–15; 32:18; 32:44; 32:46–50; 32:52 · Devarim 11:17; 28:47; 31:19 y 31:21; 34:5 y 34:10 · Rashi sobre Devarim 32:1, 32:2, 32:4, 32:7, 32:11, 32:44, 32:47, 32:48 y 32:52 · Sifrei Devarim 306, 307, 310, 314, 334, 336 y 337 · Zohar, Haazinu (sobre Devarim 32:1 y Shir HaShirim 5:2–6) · Zohar, Idrá Zutá · Talmud: Rosh Hashaná 8a, 8b, 16b y 18a; Yomá 86a y 86b; Sotá 13b · Talmud de Jerusalén, Peá 1:1 · Mishná, Rosh Hashaná 4:1 · Shulján Aruj, Oraj Jaim 588:5 · Rambam, Hiljot Teshuvá 3:4 · Bereshit 1:14; 36:12; 36:20–22 · Yeshayahu 1:2; 55:6 · Hoshea 14:2–6 · Yoel 2:15–16 · Mijá 7:18–19.
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