ZOHAR LATINOAMÉRICA
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La Parashá de la Semana · Comentario de la Escuela

פָּרָשַׁת שׁוֹפְטִים

Shoftim: la justicia que se aprende a perseguir

2 de Elul 5786 · 15 de agosto 2026 · Devarim 16:18 – 21:9 · Haftará: Yeshayahu 51:12 – 52:12

Esta parashá se lee en un año especial, y lo primero que hay que ver es eso: cae ya dentro de Elul — el mes de la teshuvá, el mes en que el calendario empieza a girar hacia el juicio. Y su primera línea no podía ser más oportuna:

«Jueces y oficiales pondrás para ti — titen lejá — en todas tus puertas, que el Eterno tu Dios te da, por tus tribus; y juzgarán al pueblo con juicio de justicia.» Devarim 16:18

«Para ti», lejá. Los jueces no se ponen para el pueblo: se ponen para uno. La Torá habla de las puertas de la ciudad — los tribunales se sentaban a la entrada, donde todo el mundo pasaba —, pero la palabra lejá abre otra lectura que la tradición nunca dejó morir: las puertas de la ciudad son, antes, las puertas del cuerpo. El ojo, el oído, la boca: por ahí entra y sale todo. Y en cada una de esas puertas hace falta un juez y un oficial — alguien que decida, y alguien que haga cumplir. El Zohar abre su comentario a esta parashá exactamente en este versículo, y lee en el juez y el oficial la anatomía interna del ser humano: la conciencia que discierne y la voluntad que ejecuta (Zohar, Shoftim 3:95b).

Que esta sea la primera lectura de Elul no es un accidente del calendario. El mes en que cada uno va a comparecer ante el Juez de los jueces se abre con la orden de ponerse jueces a sí mismo. Antes del juicio de arriba, el de abajo.

La justicia que se persigue, no la que se espera

Dos versículos después está la frase más citada de la parashá, y conviene mirarla con la lentitud que merece:

«Justicia, justicia perseguirás — tzedek tzedek tirdof — para que vivas y heredes la tierra que el Eterno tu Dios te da.» Devarim 16:20

Tres decisiones escondidas en una línea. Primera: la justicia no llega, se persigue — el verbo es el mismo que se usa para cazar o seguir a alguien que huye; no se la espera en la puerta, se va tras ella. Segunda: está duplicada, tzedek tzedek, y Rashi explica que la duplicación enseña a ir en busca de un buen tribunal — elaj ajár bet din yafé —, es decir: la justicia no es sólo una decisión, es también una elección de dónde se decide (Rashi sobre Devarim 16:20, a partir de Sanhedrín 32b). Y tercera: la recompensa es la tierra misma — «para que vivas y heredes la tierra». Perseguir justicia no es un ideal de cartel: es la condición para que la tierra se sostenga. Un pueblo que deja de perseguir la justicia pierde el único terreno en el que puede vivir.

El soborno que ciega aun a los sabios

«No tuerzas el juicio, no hagas acepción de personas, y no tomes soborno — shójad —, porque el soborno ciega los ojos de los sabios y pervierte las palabras de los justos.» Devarim 16:19

Rashi se detiene en la etimología y encuentra el nombre de la cosa en su efecto: shójad es she-hu yad — «que es una mano» —, porque en el instante en que el juez lo acepta, juez y litigante quedan fundidos en una sola mano (Rashi sobre Devarim 16:19). Ya no son dos. No hay más tribunal: hay una mano que da y una mano que es la misma.

Y nótese a quién ciega el versículo: no dice «ciega los ojos de los ignorantes», dice de los sabios. Porque los ignorantes no llegan a juzgar. La advertencia va dirigida exactamente a los que saben — los que podrían argumentar que a ellos no les pasará. El texto corrige: ni siquiera a los sabios. Nadie es inmune, y creerse inmune es la forma más rápida de caer. Por eso la parashá prohíbe antes de explicar: porque la explicación —«a mí no me compra»— es el primer soborno que uno se paga a sí mismo.

Las semanas pasadas

Devarim, Vaetchanan, Ékev y Reé formaron un solo movimiento: el defecto que se vuelve revelación, la negación que se vuelve abundancia, lo insignificante que sostiene todo, y la elección puesta delante de los ojos. Shoftim cambia de estación: con ella entramos en Elul y arranca la serie de la teshuvá — ahora ya no se trata de ver, sino de juzgar. Leer el comentario de Reé →

El rey que escribe su propia copia

La parashá dedica su sección más extraña a la institución que Israel no quiso tener — el rey —, y la rodea de límites como quien cerca un peligro:

«Pero no multiplicará para sí caballos… ni multiplicará para sí mujeres, para que no se desvíe su corazón; ni plata ni oro multiplicará para sí en exceso.» Devarim 17:16–17

Y enseguida la ley positiva, la más sorprendente de todas:

«Y será que, cuando se siente en el trono de su reino, escribirá para sí una copia de esta Torá… y estará con él, y leerá en ella todos los días de su vida.» Devarim 17:18–19

La lógica es la inversa de lo que uno esperaría. El rey es el único ser humano a quien nadie puede corregir; por eso la Torá lo corrige antes — atándolo a un libro que tiene que escribir con su propia mano y llevar consigo. El poder no se limita desde afuera: se limita desde dentro, o no se limita. Y el Talmud recuerda a quién se le rompió el sistema: Shlomó, el más sabio de todos, dijo —según el registro de Sanhedrín— «yo multiplicaré [caballos y mujeres] y no me desviaré»; y se desvió, porque el que confía en su propia excepción escribe su copia de la Torá y ya no la lee (Talmud, Sanhedrín 21b).

En Elul, esta sección del rey se lee como un espejo: todos somos, en algo, un rey con límites propuestos — nuestro tiempo, nuestra atención, nuestros recursos. Y la Torá pregunta lo mismo a cada uno: ¿tienes un texto que esté contigo todos los días de tu vida?

El tribunal que está por encima del rey

La parashá pone el límite último en el tribunal de Jerusalén, y le da un poder que suena a exceso: la autoridad de decidir la ley. Sobre la disputa difícil, el texto ordena:

«No te apartarás de la palabra que ellos te declaren, ni a derecha ni a izquierda.» Devarim 17:11

El Sifrei hace la lectura extrema, y es la que sostiene toda la tradición: «incluso si te dicen que la derecha es izquierda y que la izquierda es derecha, no te apartes de su palabra» (Sifrei Devarim 154). No es una ceguera: es la elección consciente de tener un árbitro. Un pueblo sin tribunal último se disuelve en la disputa de sus tribunales primeros; el que acepta el límite — aun cuando el límite parece equivocado — preserva la posibilidad de corregir el error, cosa que el que no acepta ningún límite ya no puede hacer.

Y aquí está la conexión con el mes. Elul no es el mes de inventar la propia ley: es el mes de someter la vida a un tribunal — el propio, el de la tradición, el de Dios. La teshuvá empieza exactamente ahí: en aceptar que hay una palabra por encima de la propia, «ni a derecha ni a izquierda».

El camino de regreso, señalizado de antemano

En medio de las leyes de la parashá está un detalle que el judaísmo convirtió en una de sus imágenes más queridas: las ciudades de refugio para el homicida sin intención.

«Te prepararás el camino — tajín lejá hadérej — y dividirás en tres el territorio de tu tierra… y será para que huya allí todo homicida.» Devarim 19:3

La Mishná cuenta que en los cruces de caminos se ponían carteles escritos con la palabra «refugio, refugio», miklát, miklát, para que el que huía no tuviera que preguntar (Mishná, Makot 10b). La Torá ordena preparar el camino antes — los carteles se ponen mientras nadie huye todavía, para que el día en que alguien necesite correr, el camino ya esté señalado.

Esa es la imagen de Elul en una sola línea. El mes no es el momento del crimen ni el del juicio: es el tiempo en que se prepara el camino de regreso, se ponen los letreros, se limpia la ruta. La teshuvá, dice esta parashá, es una infraestructura: se construye cuando no hace falta, para que exista el día que haga falta.

El miedo que se confiesa

El capítulo de la guerra contiene la ley más delicada de la parashá — las exenciones del servicio militar: el que estrenó casa, el que plantó viña, el que se desposó. Y luego, la cuarta:

«Y hablarán los oficiales al pueblo, diciendo: "¿Quién es el hombre temeroso y de corazón débil? Vaya y vuélvase a su casa, para que no se derrita el corazón de sus hermanos como el suyo."» Devarim 20:8

Rabí Akiva lee el versículo en su sentido llano: el que no soporta ver la espada desenvainada. Pero Rabí Yosei HaGalili da la lectura que el Talmud conserva con más cuidado: el temeroso de corazón es el que teme por las faltas que tiene en sus manos (Rashi sobre Devarim 20:8, a partir de Sotá 44a). La guerra no es el único campo de batalla: hay un combate donde la pregunta no es si uno aguanta la espada del enemigo, sino si puede mirar sus propias cuentas sin que se le derrita el corazón. Y la Torá dice: a ese, déjalo volver a su casa — no porque su miedo sea un defecto, sino porque la batalla de la teshuvá también es guerra, y también necesita soldados.

Es una de las lecturas más humanas de toda la Torá: el miedo por las propias faltas no se castiga ni se desprecia — se respeta. Pero se respeta mandándolo a su casa, porque un ejército en el que el miedo se contagia no salva a nadie. En Elul, el versículo se lee al revés y hacia adentro: ¿de qué tengo miedo, de la batalla o de mi propia cuenta? La teshuvá empieza cuando el miedo por las faltas propias deja de ser un secreto y se vuelve un plan de regreso.

La posición en el Gran Ciclo · sólo aquí

Esta lectura de Shoftim cae en el año 5786, posición 10 de 19 del ciclo de intercalación #305 — el mismo año consolidante de estas semanas. Y cae, por primera vez en la serie, dentro de Elul: el viernes 14 de agosto fue Rosh Jodesh Elul, la luna nueva, y este Shabat es el día 2 del mes: el primer creciente de la luz que vuelve a nacer. Elul es el mes número 12 del año hebreo — y dentro de él, la luna completa un ciclo entero: nace el día 1, llega a su plenitud a mitad del mes y se apaga de nuevo en Rosh Hashaná. Un ciclo completo de luz encerrado en los treinta días que preceden al juicio: la imagen misma de lo que este mes pide — una vuelta entera, del apagón a la luz nueva. Desde hoy y hasta la víspera de Rosh Hashaná suena el shofar cada mañana, y el Salmo 27 — «el Eterno es mi luz» — se lee desde Elul hasta el cierre de las fiestas: el ensayo de los días solemnes ya está sonando.

«Yo, yo soy vuestro consolador»

La haftará de esta semana es la cuarta de las siete de consuelo, y esta vez el consuelo cambia de voz. Las semanas anteriores el consuelo vino en imágenes — el censo de estrellas, la ciudad de zafiros. Hoy viene como una identificación:

«Yo, yo soy vuestro consolador — anojí anojí hu menajemjem —: ¿quién eres tú, para que temas al hombre mortal, al hijo del hombre que como hierba se agosta?» Yeshayahu 51:12

El versículo está en plural — «vuestro consolador» — y el «yo» está duplicado, anojí anojí. No es un descuido retórico: es el nombre de la semana. La parashá abrió con la justicia duplicada, tzedek tzedek; la haftará responde con el consuelo duplicado, anojí anojí. Justicia y consuelo, las dos columnas del mes que empieza: el que juzga es el mismo que consuela, y por eso se puede tener miedo y esperanza a la vez, sin que una anule a la otra.

Y el pasaje sigue subiendo hasta las imágenes que el calendario litúrgico guarda para este mes:

«Despierta, despierta, vístete de tu fuerza, Sión; vístete tus ropas de esplendor, Jerusalén, ciudad santa… ¡Cuán hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, del que trae buenas nuevas!» Yeshayahu 52:1, 52:7

«Vístete de tu fuerza» — en hebreo, livshi uzéj, y la tradición lee en esa «fuerza» la Torá que el rey de la parashá debía llevar consigo, y el tribunal que se sienta a la puerta: la fuerza de Sión son sus instituciones de justicia, y sus pies hermosos son los del que trae la noticia de la paz.

Se cierra así el arco de la semana, y se cierra en la dirección correcta para Elul. La parashá pidió jueces para las puertas — las de la ciudad y las del corazón. Explicó por qué el soborno ciega aun a los sabios. Ató al rey a un libro que debe leer todos los días. Señalizó el camino de regreso para el que huye. Y la haftará respondió lo que este mes necesita oír: el que juzga es el que consuela; el tribunal de arriba es la casa de la misericordia. La justicia se persigue, sí — tzedek tzedek tirdof — y la persecución termina, como todas las persecuciones de la Torá, en un encuentro.

Shabat Shalom. Que este primer Elul nos encuentre poniendo jueces en nuestras puertas — y preparando el camino de regreso.

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Fuentes de esta entrega: Devarim 16:18–20; 17:11; 17:16–19; 19:3; 20:8 · Rashi sobre Devarim 16:19, 16:20 y 20:8 · Sifrei Devarim 154 · Zohar, Shoftim 3:95b · Talmud: Sanhedrín 32b y 21b, Sotá 44a, Makot 10b · Yeshayahu 51:12; 52:1; 52:7.
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