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La Parashá de la Semana · Comentario de la Escuela

פָּרָשַׁת וְזֹאת הַבְּרָכָה

Vezot HaBerajá: de la bendición a la bet

23 de Tishrei 5787 · 4 de octubre 2026 · Simjat Torá · Devarim 33:1–34:12 y Bereshit 1:1–2:3 · Haftará: Yehoshúa 1:1–18

Esta parashá no tiene Shabat propio. Es la única de las cincuenta y cuatro que no ocupa ningún Shabat del ciclo anual: se lee en Simjat Torá, el día en que se termina de leer la Torá y se empieza otra vez. La Guemará ya lo fija así para la diáspora: el último día de la fiesta se lee «Todo primogénito», y al día siguiente, «Y ésta es la bendición» hasta el final de la Torá (Meguilá 31a). Este año ese día es el domingo 4 de octubre, 23 de Tishrei, y en seguida, en la misma lectura de la mañana, se empieza otra vez: «En el principio creó Dios…», hasta el primer Shabat de la Creación (Bereshit 1:1–2:3).

«Y ésta es la bendición con que bendijo Moshé, el hombre de Dios, a los hijos de Israel antes de su muerte.» Devarim 33:1

Rashi se detiene en las dos últimas palabras. «Antes de su muerte» no es una fecha vaga: quiere decir muy cerca de su muerte. Y pone en boca de Moshé la razón: porque si no es ahora, ¿cuándo? (Rashi sobre Devarim 33:1, a partir del Sifrei Devarim 342). Haazinu fue el canto que dejaba testigos para cuando él ya no estuviera. Esto es lo último que hace con el tiempo que le queda, y lo que hace es bendecir.

Primero la alabanza, después el pedido

La bendición no empieza por Israel. Empieza por Dios: «el Eterno vino desde Sinaí, les resplandeció desde Seír, apareció desde el monte Parán» (Devarim 33:2). Rashi explica el orden: Moshé abrió con la alabanza del Omnipresente y sólo después pasó a lo que necesitaba Israel — pero en esa misma alabanza metió el mérito de Israel, como quien dice éstos son dignos de que la bendición repose sobre ellos. Era, en sus palabras, un modo de interceder (Rashi sobre Devarim 33:2, a partir del Sifrei Devarim 343).

¿Y qué mérito cabe en «Seír» y en «Parán»? Rashi lo lee como una historia de bodas. Dios salió al encuentro de Israel en Sinaí como el novio que sale a recibir a la novia. Antes se había dirigido a los hijos de Esav, en Seír, para que aceptaran la Torá, y no quisieron; fue a los hijos de Yishmael, en Parán, y tampoco quisieron; y vino a Israel. Y vino con una parte de sus miríadas de ángeles, no con todas: no como el hombre, que el día de su boda exhibe todo el esplendor de su riqueza. Y la Torá que traía estaba escrita desde antes en fuego negro sobre fuego blanco (Rashi sobre Devarim 33:2, a partir del Sifrei Devarim 343, Avodá Zará 2b y Midrash Tanjumá, Bereshit 1).

«La Torá que nos ordenó Moshé»

«La Torá que nos ordenó Moshé, herencia de la congregación de Yaakov.» Devarim 33:4

Rashi lo parafrasea como un juramento: la tomamos, y no la vamos a soltar (Rashi sobre Devarim 33:4). Y la Guemará le da a este versículo un lugar que ningún otro tiene. Los sabios enseñaron que cuando un niño ya sabe hablar, su padre le enseña Torá y Shemá. ¿Qué Torá? Dijo Rav Hamnuna: «La Torá que nos ordenó Moshé, herencia de la congregación de Yaakov» (Sucá 42a).

Es decir: lo primero que se le enseña a un niño de la Torá está en su última parashá. El que empieza a hablar recibe la Torá por el final. Y el día en que la comunidad llega a ese final lo celebra como si empezara, que es exactamente lo que hace: el mismo día se lee Bereshit.

El hombre de Dios, dueño de casa

El versículo llama a Moshé ish haElohim, «el hombre de Dios», y el Zohar se pregunta por qué en este preciso lugar. Va a buscar la respuesta al lecho de muerte de Yaakov. Cuando Yaakov estaba por partir, la Shejiná estaba sobre él; quiso bendecir a dos de sus hijos y no pudo, por temor a ella. Se dijo entonces: lo dejaré para el dueño de casa, y él hará lo que quiera. Y ése es el sentido de «Moshé, el hombre de Dios»: ish como en «su marido lo confirmará y su marido lo anulará» (Bamidbar 30:14) — el dueño de la casa, el señor de la Matrona. Por eso Moshé bendijo a quien quiso, y no tuvo miedo (Zohar, Vayejí, sobre Devarim 33:1).

El Zohar dice también quiénes eran esos dos: la bendición de Shimón y Leví su padre se la dejó a Moshé. Yaakov los había reprendido juntos, sin bendecirlos (Bereshit 49:5–7). Moshé bendice a Leví con los urim y tumim y con el encargo de enseñar las leyes a Yaakov (Devarim 33:8–11). A Shimón no lo nombra; pero el Zohar y Rashi coinciden en que está escondido en la bendición de Yehudá: «Escucha, Eterno, la voz de Yehudá» — y «escucha», shmá, es Shimón, el hijo que Lea llamó así porque «escuchó el Eterno» (Bereshit 29:33; Zohar, Vayejí; Rashi sobre Devarim 33:7, a partir del Sifrei Devarim 348). Y cuando se repartió la tierra, la parte de Shimón salió de dentro de la de Yehudá (Yehoshúa 19:9). El que no podía ser bendecido solo fue bendecido dentro de otro.

En el mismo pasaje, Rabí Shimón bar Yojái llora y le habla a Moshé, el «fiel santo»: te elevaste en tu vida por encima de los hijos de los hombres, te elevaste en tu muerte… las llaves de tu Señor fueron entregadas siempre en tus manos (Zohar, Vayejí).

La parte de los huéspedes

La parashá se lee al final de Sucot, y el Zohar enseña cómo se está sentado en la sucá. La llama la sombra de la fe: quien se sienta en ella, la Shejiná extiende sus alas sobre él desde arriba, y Avraham y otros cinco justos, y David con ellos, vienen a habitar con él; por eso hay que alegrarse cada día de la fiesta con esos huéspedes (Zohar, Emor 43:276). Pero en seguida pone una condición que no admite adorno:

«Y tiene que alegrar a los pobres. ¿Por qué? Porque la parte de esos huéspedes que invita es de los pobres. Y el que se sienta a la sombra de la fe e invita a esos huéspedes de arriba, y no les da su parte, todos se apartan de él.» Zohar, Emor 43:278

La mesa que se prepara sin los pobres, dice el Zohar, es de él y no de Dios. Y la Guemará, por su propio camino, llega al mismo sitio: en Shminí Atzeret se lee «diezmarás» (Devarim 14:22–16:17) precisamente porque contiene los preceptos de las dádivas a los pobres, a quienes hay que ayudar en estos días de alegría (Meguilá 31a). El Zohar lo dice de los huéspedes invisibles; el Talmud, de la lectura pública. Es la misma regla.

Quédense un día más

Shminí Atzeret, el día octavo, tiene un nombre que Rashi explica con una escena de despedida: atzeret viene de «detener». Como el rey que invitó a sus hijos a un banquete de varios días, y cuando llegó la hora de irse les dijo: hijos, les pido, quédense conmigo un día más; me es difícil separarme de ustedes (Rashi sobre Vayikrá 23:36). Y Rabí Elazar explica el número de las ofrendas: los setenta toros de los siete días corresponden a las setenta naciones del mundo; el único toro del día octavo corresponde a la nación única (Sucá 55b). Siete días para el mundo entero, y uno para quedarse a solas.

En Haazinu era Israel el que no quería soltar a Moshé: «al hombre que nos sacó de Egipto… no lo dejaremos ir» (Rashi sobre Devarim 32:48). Aquí es Dios el que no quiere soltar a Israel. Y el mismo calendario pone las dos cosas en el mismo día: la fiesta del «un día más» y la lectura de la muerte de Moshé.

Las semanas pasadas

Haazinu terminó con Dios diciéndole a Moshé «sube a este monte… y muere en el monte al que subes», a pleno mediodía. Vezot HaBerajá es lo que Moshé hizo antes de subir, y lo que pasó arriba. Leer el comentario de Haazinu →

Los ocho versículos escritos con lágrimas

«Y murió allí Moshé, siervo del Eterno, en la tierra de Moav, por boca del Eterno.» Devarim 34:5

La Guemará hace la pregunta que cualquier lector hace: ¿es posible que Moshé, ya muerto, escribiera «y murió allí Moshé»? Rabí Yehudá responde que hasta aquí escribió Moshé, y desde aquí escribió Yehoshúa. Rabí Shimón objeta: ¿es posible que al rollo de la Torá le faltara una sola letra, si ya estaba escrito «tomen este libro de la Torá» (Devarim 31:26)? Y concluye: hasta aquí el Santo, bendito sea, dictaba, y Moshé lo repetía y lo escribía; desde aquí, el Santo, bendito sea, dictaba, y Moshé escribía con lágrimas (Bavá Batrá 15a; también Menajot 30a). Rashi trae la misma discusión a partir del Sifrei.

La Guemará saca de ahí una halajá: los ocho últimos versículos de la Torá los lee una sola persona, sin dividirlos entre dos lectores — y aun según Rabí Shimón, porque, escritos con lágrimas, ya son distintos del resto (Bavá Batrá 15a). Y «por boca del Eterno» es, para Rashi, literal: murió por un beso (Rashi sobre Devarim 34:5, a partir de Moed Katán 28a).

La Torá empieza y termina con un acto de bondad

«Y lo enterró en el valle, en la tierra de Moav, frente a Beit Peor; y nadie conoce su sepultura hasta el día de hoy.» Devarim 34:6

¿Quién lo enterró? Rashi: el Santo, bendito sea, en su gloria (Rashi sobre Devarim 34:6, a partir de Sotá 14a). Y la tumba no se improvisó: estaba preparada desde los seis días de la Creación, frente a Peor, para expiar lo que allí se había hecho; es una de las cosas creadas en el crepúsculo de la víspera del primer Shabat (Rashi sobre 34:6; Pirkei Avot 5:6).

La Guemará convierte ese entierro en una instrucción. Rabí Jamá bar Janiná pregunta cómo puede el hombre «andar tras el Eterno», que es fuego devorador, y responde: andar tras sus atributos. Así como Él viste al desnudo —«hizo el Eterno Dios para Adam y su mujer túnicas de piel, y los vistió» (Bereshit 3:21)—, vístelo tú; así como visita al enfermo, consuela al que está de duelo y entierra a los muertos —«y lo enterró en el valle» (Devarim 34:6)—, hazlo tú. Y entonces Rabí Simlai dice la frase que hace de Simjat Torá una sola pieza:

«La Torá: su comienzo es un acto de bondad y su final es un acto de bondad. Su comienzo, como está escrito: “E hizo el Eterno Dios para Adam y para su mujer túnicas de piel, y los vistió”. Y su final, como está escrito: “Y lo enterró en el valle”.» Talmud, Sotá 14a

El domingo se leen las dos puntas el mismo día, una detrás de otra. Dios cierra la Torá enterrando a su siervo y la abre vistiendo a los primeros hombres. El libro no está enmarcado por el poder ni por la ley: está enmarcado por dos cuidados del cuerpo, el del que está por empezar y el del que ya terminó.

La posición en el Gran Ciclo · sólo aquí

Vezot HaBerajá se lee en la diáspora el 23 de Tishrei de 5787, domingo 4 de octubre de 2026, año en posición 11 de 19 del ciclo de intercalación #305 (AM 5777–5795), cuarto cuadrante, bisiesto de 385 días. Recorrida la base completa, el 23 de Tishrei cae así en los 6.004 años: viernes 1.915, domingo 1.715, martes 1.684, miércoles 690 — y Shabat, cero. Nadie lo programó: sale de la regla que impide que Rosh Hashaná caiga en domingo, miércoles o viernes (Shulján Aruj, Oraj Jaim 428:1). Por eso fuera de Israel la última parashá no se lee nunca en Shabat. En Israel, donde Simjat Torá coincide con Shminí Atzeret el 22 de Tishrei, sí: en 1.715 de los 6.004 años — y 5787 es uno de ellos, porque este año el día octavo cae en Shabat 3 de octubre, como cayeron en Shabat Rosh Hashaná y el primer día de Sucot. Hay un segundo dato. 385 días son 55 semanas exactas, y es la única duración de año hebreo divisible por siete (967 años de 6.004 la tienen). Así que 5788 volverá a empezar en Shabat (2 de octubre de 2027), y su Shminí Atzeret también será Shabat (23 de octubre de 2027). Dos años seguidos con Rosh Hashaná en Shabat: la última vez fue AM 5763–5764; la próxima, AM 5814–5815. El mazal del mes, contado de Rosh Jódesh a Rosh Jódesh, sigue siendo ♎ Moznáim, la balanza; la luna, que estaba llena en el primer día de Sucot, llega a Shminí Atzeret en cuarto menguante. El Shabat de Bereshit (10 de octubre, 29 de Tishrei) es Shabat Majar Jódesh: el día siguiente es Rosh Jódesh Jeshván, y con el mes de Jeshván llega el mazal de ♏ Akráv.

«A ojos de todo Israel»

«Y no se levantó más profeta en Israel como Moshé, a quien conoció el Eterno cara a cara… y en toda la mano fuerte, y en todo el gran temor que hizo Moshé a ojos de todo Israel.» Devarim 34:10–12

«Cara a cara», explica Rashi, quiere decir que tenía confianza con Él y le hablaba cuando quería (Rashi sobre Devarim 34:10). Y las últimas palabras de la Torá, le'einei kol Israel, «a ojos de todo Israel», Rashi las lee de una manera que sorprende siempre: se refieren a que su corazón lo impulsó a romper las tablas delante de sus ojos, como está dicho «y las rompí ante sus ojos» (Devarim 9:17). Y el Santo, bendito sea, estuvo de acuerdo: sobre «las tablas que rompiste» (Shemot 34:1) dijo yishar kojajá sheshibarta — «bien hecho, que las rompiste» (Rashi sobre Devarim 34:12). La Guemará cuenta la rotura de las tablas entre las tres cosas que Moshé hizo por su propio juicio y con las que Dios estuvo de acuerdo (Shabat 87a).

La Torá no termina con Moshé recibiendo las tablas sino con Moshé rompiéndolas. Lo último que se nombra del hombre más grande de la Torá es un acto de ruptura que el cielo aprobó. Y minutos después, en la misma mañana, se lee cómo el mundo empieza desde el caos: «y la tierra era caos y vacío» (Bereshit 1:2).

De la bendición a la bet

La última parashá se llama «Y ésta es la bendición». La primera palabra de la Torá empieza con una bet. El Midrash pregunta por qué el mundo fue creado con esa letra, y da varias respuestas. Una: la bet está cerrada por tres lados y abierta sólo hacia adelante — así no tienes permiso de preguntar qué hay arriba, qué hay abajo, qué hubo antes y qué habrá después, sino desde el día en que fue creado el mundo en adelante. Otra: porque es expresión de bendición, berajá; y no con alef, porque la alef es expresión de maldición, arirá. Dijo el Santo, bendito sea: la crearé con expresión de bendición, y ojalá se sostenga (Bereshit Rabá 1:10).

La Torá termina con una bendición que Moshé da porque «si no es ahora, ¿cuándo?», y vuelve a empezar con la letra de la bendición, abierta sólo hacia adelante. Entre una cosa y otra no hay pausa: se termina de leer el final y, sin salir de la sinagoga, se lee el principio.

«Moshé mi siervo ha muerto; ahora, levántate»

La Guemará indica para este día una haftará de Shlomó (Meguilá 31a); la costumbre que hoy se lee es el primer capítulo de Yehoshúa, que empieza exactamente donde terminó la Torá:

«Y fue después de la muerte de Moshé, siervo del Eterno, que dijo el Eterno a Yehoshúa hijo de Nun, el servidor de Moshé: Moshé mi siervo ha muerto; ahora, levántate, cruza este Jordán.» Yehoshúa 1:1–2

Y la instrucción al sucesor no es de conquista sino de lectura: «no se apartará este libro de la Torá de tu boca, y meditarás en él de día y de noche» (Yehoshúa 1:8), envuelta tres veces, en boca de Dios, en «sé fuerte y valiente» (1:6, 7 y 9). A Yehoshúa no se le pide ser Moshé —«no se levantó más profeta como Moshé»—; se le pide no soltar el libro. Es el mismo juramento de Devarim 33:4, ahora dicho a uno solo: la tomamos, y no la vamos a soltar.

Así se cierra el año de lectura. Moshé bendice antes de irse, porque después no habrá cuándo. Dios lo entierra con sus manos, y la Torá lo cuenta como un acto de bondad, el mismo con el que empieza. Las últimas palabras recuerdan unas tablas rotas, y las primeras, un mundo creado con la letra de la bendición. Lo que queda para el lector es lo de Yehoshúa: levantarse, y no soltar el libro.

Jag saméaj. Que la Torá que se termina el domingo se vuelva a empezar ese mismo día — y que la primera letra que se lea sea una bendición.

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Fuentes de esta entrega: Devarim 33:1–2; 33:4; 33:7–11; 34:5–6; 34:10–12 · Devarim 9:17; 14:22–16:17; 31:26 · Rashi sobre Devarim 32:48, 33:1, 33:2, 33:4, 33:7, 34:5, 34:6, 34:10 y 34:12 · Rashi sobre Vayikrá 23:36 · Sifrei Devarim 342, 343 y 348 · Midrash Tanjumá, Bereshit 1 · Bereshit Rabá 1:10 · Zohar, Vayejí (sobre Devarim 33:1 y 33:7) · Zohar, Emor 43:276 y 43:278 · Talmud: Meguilá 31a; Sucá 42a y 55b; Bavá Batrá 15a; Menajot 30a; Sotá 14a; Shabat 87a; Avodá Zará 2b; Moed Katán 28a · Pirkei Avot 5:6 · Shulján Aruj, Oraj Jaim 428:1 · Bereshit 1:1–2:3; 3:21; 29:33; 49:5–7 · Shemot 34:1 · Bamidbar 30:14 · Yehoshúa 1:1–9; 19:9.
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